¿Por qué Bahía de las Águilas despierta tanta codicia y encendida pasión?

bahia-de-las-aguilasP. Profesor, el nivel de los debates actuales en torno al fraude colosal contra el Estado sobre los títulos de propiedad de los terrenos del Parque Nacional Jaragua nos permite preguntarle ¿por qué Bahía de las Águilas despierta tanta codicia y encendida pasión?

R. Es que Bahía de Las Águilas conserva la fragancia de una señorita. Se trata de una naturaleza realmente virgen, cuyo candor deslumbra a todo el que tiene la dicha de contemplarla. El rostro de Bahía apenas termina de perfilarse, pues su cuerpo, vale decir, la plataforma marina del Procurrente de Barahona (Pedernales), tiene entre 1,5 y 12 millones de años de edad, lo cual, en tiempos geológicos, podemos decir que ocurrió ayer tarde.

Estos espacios, que se pueden contemplar con entera libertad desde el mirador del farallón septentrional, al dirigir la vista hacia el meridión del litoral de Bahía, definen un perfil lineal con una curva suave y que apenas se divisa por la duna alargada o muro de arenas blancas, tan blancas como el azúcar refino y recrean escenarios tan espectaculares que pueden competir ventajosamente con el paraíso verdadero.

Quien ha visto un atardecer en Bahía y la forma en que el Sol, esa inmensa mole redonda perfecta que cambia de dorado a rojo en la medida en que se sumerge en el mar, sabrá de qué estamos hablando.

Es la arquitectura del paisaje lo que deslumbra al visitante, pero la magia la crea el chorro de estrellas que se escurren de las manos al sacarlas llenas de agua hacia el aire. Estas estrellitas o puntos lumínicos que son más frecuentes durante las noches invernales y en aguas totalmente impolutas, son fruto de organismos planctónicos bioluminiscentes (dinoflagelados).

Todos estos atributos exóticos y únicos son los que  hacen de Bahía algo realmente digno de admiración y contemplación. Precisamente, ellos nos hablan de una riqueza frágil. La duna que marca los límites externos de la playa, está estabilizada por los arbustos y árboles de bajo porte, que fijan la arena con sus raíces. Si a un ignorante se le ocurre cambiar esta vegetación natural para hacer cualquier cosa (sembrar otras plantas o construir), puede dejar todo a la intemperie y el viento, la brisa suave le podría desbaratar la duna y arruinar la playa.

Bahía es para entrar y salir, no para construir. Dios quiera que así sea y el paraíso será para siempre.

Escrito por: ING. ELEUTERIO MARTÍNEZ (Especialista en Recursos Naturales)

Envíe sus preguntas  eluterioporlavida@gmail.com (CONSULTORIO ECOLÓGICO)

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