Ceres Torres: una historia de fe, esperanza y, sobre todo, superación personal

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Pequeña, coqueta y sonriente, es la imagen viva de la esperanza. Habla con ímpetu, ríe con ganas y muestra en cada palabra su amor por la vida. Nada parece amilanarla. Tal vez por ello es fanática de las pesas. Levantarlas es, en cierta forma, demostrar que no hay imposibles.

Con 33 años, Ceres Torres ha sabido sobreponerse a la adversidad de una forma tal que, a menos que se mire al suelo, nadie puede imaginar que detrás de sus ojos brillantes hay una historia de dolor, angustia pero, sobre todas las cosas, superación.

Diagnosticada en el año 1994 con Ostereosarcoma (un tumor sólido) en el primer metatarso del pie derecho, Ceres vio cómo su mundo se destruía cuando tenía tan sólo 14 años: por culpa de la enfermedad tuvieron que amputarle el pie derecho.

Hoy, sin ir de víctima por la vida, ella muestra con naturalidad su “nueva pierna”, una moderna prótesis que desde hace cuatro meses lleva sin ocultar. El camino para llegar hasta aquí, sin embargo, fue en ocasiones un tanto difícil.

Todo comienza
Optimista empedernida, cuando le diagnosticaron la enfermedad no se derrumbó.
“Siempre he sido una persona de no caer. Ante las cosas que me vienen, yo digo: ok, vamos arriba. Y en ese momento yo estaba en otra cosa: en jugar voleibol, brincar, tripear, salir. La manera en que el doctor me lo comunicó fue también muy a la ligera”, cuenta Ceres al tiempo de agregar que lo cogió muy suave.

En ese momento ella pensaba que la operarían y todo quedaría en el olvido. Al principio, de hecho, fue así. Como el tumor estaba tan pequeño, los médicos pensaron que con retirarlo sería suficiente. Cuatro meses después volvió a salir. Entonces comenzaría todo.

Buscando nuevas opiniones, un segundo médico decide hacer lo que correspondía desde el principio: una biopsia. Fue entonces que supieron el tipo de tumor que era y que se trataba de cáncer.

“A mí no me lo dijeron. Para mí yo sólo tenía una cosa en el pie. De repente se armó un huidero y me dijeron: vamos a llevarte para afuera. Consiguieron, por pura casualidad, suerte y papá Dios metiendo la mano como él sabe, que me aceptaran en el Saint Jude Children’s Research Hospital en Tennessee, porque ese tipo de tumor no suele salir donde yo lo tenía”.

Una vez en el Saint Jude, después que le hicieron todos los estudios, supo que tenía cáncer. “Todo se me puso oscuro cuando yo estaba afuera y me hicieron la introducción y me explicaron que la solución era, lamentándolo mucho, amputarme el pie porque tenían que asegurarse que yo estuviera libre de cáncer y esa era la única manera. Ahí entendí la gravedad de lo que tenía”.

Además de la amputación tendría que enfrentar el tratamiento, que era a base de quimioterapia. “Ahí fue que me deprimí, yo estaba muy molesta con la vida, con papá Dios; yo estaba quillada. Yo era una niña buena, yo no hacía cosas malas; era buena estudiante, yo no entendía por qué a mí. Fue muy duro”.

Un año en Memphis 
Descubrir que su tratamiento sería bastante largo fue otro motivo de tristeza para Ceres porque tendría que dejar atrás a sus amigos del colegio, algo que para ella era sumamente importante. Y es que, al tener que estar un año en Memphis, Tennessee, perdería el año escolar.

Con su mamá, Silvia Diloné, como compañía, Ceres pasó nueve meses recibiendo quimioterapia. En esos días su vida se redujo a ir del hospital a su casa.

Pese a los efectos secundarios, tales como las náuseas y que se le cayera todo el pelo, Ceres no se queja. Asegura que le fue muy bien, ya que jamás se descompensó y estaba bien de peso, por lo que pudo hacer el tratamiento en el tiempo estipulado.

“Yo sabía que tenía que alimentarme bien y también mi mamá me complacía mucho. Cuando yo le decía que quería un mangú ella cogía su carrito y se iba no sé cuántas calles más allá, muy, muy lejos, a una tiendita cubana que vendía unos plátanos muy malos para hacerme un mangusito porque yo estaba antojada”.
Sin perder el sentido del humor, Ceres asegura que “uno se pone como si estuviera preñao; todo le molesta y si tienes un antojo tienes que comer eso porque si no, no”.

El regreso a RD… 
Sin quejarse del hospital, ya que asegura que es muy bueno y asumió su caso sin cobrarle un centavo, la quimioterapia dejó en Ceres la imagen de los pacientes que han padecido cáncer: no tenía pelo, cejas ni pestañas.

Así regresó al país, un regreso que define como frustrante. “Es algo que tengo muy marcado en mi memoria. Tuve que llegar a un país con gente que no está acostumbrada a ver ese tipo de caso. Yo llegué con la cabeza pelada y la gente se quedaba muy sorprendida. Llegué al colegio, los niños se burlaban. Fue un proceso de adaptación muy duro”.

Las piernas
Tras la quimio, comenzó el proceso de hacerse la primera pierna. Acostumbrarse al nuevo “aditamento” no fue fácil.
Pero a la par de revisar su prótesis cada año, también le tocaba ir a hacerse los chequeos médicos. Los primeros cinco años fueron cada seis meses, mientras que los siguientes cinco le tocaba ir anualmente.

Durante todo ese tiempo todo salió bien. Siempre con una mente positiva, jamás pensó que algo podría salir mal. Así ha sido.

Respecto a la prótesis, como estaba en proceso de crecimiento, explica que en esa época se la cambiaban casi todos los años.

En ese tiempo la prótesis no se veía. Al usar otro tipo de mecanismo, pasaba desapercibida. ¿El problema? Se rompía muy fácilmente.

Cambiar de tipo de pierna significó dejar la prótesis al aire. También tener una mejor movilidad, ya que la prótesis está hecha de fibra de carbono.

Encontrar esa pierna fue una bendición. Con el tratamiento terminado, Ceres tuvo que buscar una pierna en el país. Por ello, fue a Rehabilitación, donde el doctor Francisco Bentz Brugal la remitió a Omega Prosthetic, un laboratorio de órtesis y prótesis.

En Omega, su propietario Luis Estévez le ofreció trabajar modelando y probando los prototipos. “Eso para mí fue un alivio porque una de las mayores preocupaciones que he tenido en mi vida siempre ha sido dónde me voy a hacer una pierna aquí y cómo la voy a pagar cuando me toque”, dice al tiempo de asegurar que agarrada de Dios encontró la solución.

Lo hace todo
Su vida no gira en torno a la prótesis ni lo que pasó. “Nunca he querido que piensen en mí y piensen en eso”. Y es que, sostiene, ella hace de todo: correr, nadar… “Yo no puedo decir que no puedo hacer algo hasta que yo no lo intente, por lo menos”.

Por eso, aunque no todo ha sido color de rosa, Ceres dice que quienes pasan por cosas así deben entender que su vida no ha terminado. Como ella, no tienen por qué acomplejarse.

Más detalles…
Optimismo
Cuando ve a niños o adolescentes atravesando situaciones como las que ella pasó, quisiera acercarse y decirles: “la vida no se acaba ahí, cuando te falta una pierna, un brazo”. Ella es el mejor ejemplo de ello.

Salud
Ceres nunca ha tenido una recaída y, asegura, siempre se ha enfocado en tener una vida normal. Eso sí, cuida su salud.

Profesión
Es publicista y está desde hace 8 años en Young and Rubicam, donde ocupa el puesto de coordinadora de tráfico.

Ejercicios
La prótesis no impide que Ceres Torres vaya al gimnasio de lunes a viernes durante una hora o una hora y media. Hace pesas, usa la elíptica, la bicicleta… su pasión es el fitness.

La última pierna
Ceres está orgullosa de llevar su moderna y avanzada prótesis.

crucesdepapel.blogspot.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s