Santiago espera

santiagoHace ya algunos meses el ministro de Obras Públicas y la Odebrecht anunciaron un conjunto de obras que se iniciarían a partir del 1 de mayo. Más adelante la propia Gobernadora de la Provincia enfatizó que las obras de Santiago se iniciarían a partir del 1 de junio. Sin embargo, no se ven claras señales de que el Gobierno cumpla la promesa.

Entre las obras señaladas se incluyen elevados en la avenida Estrella Sadhalá, la Circunvalación Norte, esta última iniciada en los gobiernos de Balaguer. También se incluye el Parque Central que se ha planificado aprovechando el antiguo aeropuerto y que se decidiera en el primer gobierno de Leonel Fernández. Aunque  también se hablaba de la autopista Navarrete-Puerto Plata y la carretera turística, recientemente se ha informado que esas dos obras no están en la agenda del Gobierno. En todo caso Santiago sigue estando en el olvido en la agenda de los gobiernos, especialmente en la fase de la llamada partidocracia.

El empuje de la  Ciudad Corazón se ha fundamentado en los últimos años en el sector privado, responsable de los grandes proyectos que registra la Ciudad. El Aeropuerto Internacional del Cibao, la Fabril, el Homs y la Unión Medica son íconos de ese empuje privado, así como los últimos grandes centros comerciales y supermercados y las torres urbanas. Las acciones públicas han estado ausentes o sólo han alcanzado la categoría de rehabilitación de viejos proyectos.

No ha valido el argumento de que Santiago aporta aproximadamente un 16% del PIB y que constituye una de las provincias que más aporta a los ingresos fiscales del Gobierno, al tiempo que en algunos de los últimos presupuestos nacionales sólo se le ha consignado una inversión pública inferior al 1% del presupuesto nacional, confirmándose la dramática inequidad  geográfica en la asignación de los recursos públicos. El abandono de Santiago en el presupuesto, sobre todo de la inversión neta de capital por parte de los gobiernos, ha sido reforzado por la debilidad ostensible del liderazgo empresarial, que fuera vigoroso en otros tiempos, cuando Santiago se ganó la percepción de ser la ciudad vanguardia del desarrollismo dominicano.

Los sectores empresariales organizados y las instituciones desarrollistas de la Ciudad deberían revisar sus estrategias de incidencia en la toma de decisiones, de modo que puedan modificar la ecuación actual asumida por los gobiernos, y en la cual la Ciudad Corazón ha sido relegada en la prioridad de los gobernantes.

¡Arriba, pues, santiagueros!

 

lainformacion.com.do/opinion/editorial

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