Haití busca el apartheid

Cesar Medina

Cesar Medina

El gran negocio de Haití es seguir victimizándose, negreándose, esclavizándose… Y, por supuesto, fingir un apartheid dominicano donde sólo hay diferencias culturales, idiomáticas, de hábitos, de costumbres.

Y, más que todo eso, una malquerencia histórica que la iniciaron los haitianos con aquella proclama de que “la isla es única e indivisible”, sustentada por Toussaint Louverture y consignada en su vieja Constitución.

Los haitianos fueron quienes ocuparon la parte Este de la isla por 22 años y quienes dejaron una estela de atropellos y malos tratos que marcaron la historia de ambos pueblos.

Los dominicanos tuvimos que liberarnos de Haití a sangre y fuego, y nuestra nacionalidad como nación independiente fue producto de la gloria de esa lucha patriótica encabezada por los trinitarios liderados por Juan Pablo Duarte.

El odio, si existe alguno, lo han originado los haitianos contra los dominicanos. Y de ello hay evidencias sobradas.

En nuestro territorio vive por lo menos un millón de haitianos, en su enorme mayoría indocumentados, y aquí han formado familia dentro de nuestras miserias, y no se les maltrata por su condición de haitianos.

Podrán decir por ahí que son “ciudadanos de segunda”, pero casi 20 mil de ellos estudian en nuestras universidades, los niños acceden a la educación básica, sus mujeres paren en nuestros hospitales, sus obreros hallan trabajo… El que hay, el que podemos ofrecerles.

Los dominicanos más pobres viven su pobreza con dignidad… Pero en los haitianos esa misma pobreza es esclavitud, rechazo, discriminación.

Es un odio ancestral…
Nuestros ancestros lo decían con pena y dolor: Los haitianos odian a los dominicanos. Nunca ha sido diferente.

Si los menos pobres fueran ellos ñescuche muchas veces decir a mi profesora de historia en el IPLñ hace rato que este país no existiera.

Esa animadversión haitiana se ha expresado hasta en agresiones insólitas contra presidentes dominicanos. A Leonel lo apedrearon y lo tirotearon hace unos años en una visita a Puerto Príncipe. Salió vivo de allí por la rápida acción de sus escoltas.

Trujillo visitó a su colega FranÁois Duvalier en Haití, y pernoctó en la Fragata Mella, artillado hasta los dientes, “listo para cualquier eventualidad”.

En nuestro país jamás se ha producido una agresión física a ninguna autoridad haitiana, y en sus momentos más difíciles hemos estado a su lado. No sólo en situaciones de tragedia como en el terremoto, sino también cuando se han agriado sus constantes crisis políticas.

Buscando camorra…
La sentencia del Tribunal Constitucional de la semana pasada es el nuevo motivo de los haitianos para profundizar una crisis que de antemano consideran ganada en el plano internacional.

Todos los estados del mundo son soberanos al momento de conferir el privilegio de la nacionalidad a extranjeros. Al único país que se le quiere obligar a ello es a la República Dominicana.

No sólo nuestro país, sino que ninguna nación del mundo renuncia a ese derecho consustancial a su soberanía. Los haitianos tampoco lo hacen, a pesar de su desorden histórico. Al contrario, Haití consigna en los artículos 11 y 15 de su Constitución que los hijos de sus ciudadanos no pierden su condición por haber nacido en otro país y tampoco les acepta la doble nacionalidad.

Es Haití la que no admite que sus descendientes nacidos aquí sean dominicanos…

Pero ahora quieren reivindicar para los haitianos “la nacionalidad dominicana” que les niega su propia Constitución…

La cuestión es hacerse la víctima… Porque eso paga.

Por Cesar Medina  /  listin.com.do

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