Piropos,cuando la violencia contra las mujeres se refugia en la cultura

 noviolenciamujer“No a la Violencia contra la Mujer”

 “Diablo mami tu si `tá buena” , “sácale cédula que ya es mayor de edad” “¿Y to´ eso es tuyo?”, “si como caminas cocinas guárdame un chin de concón”, “cuando pasó por Aduanas, ¿le pagaste sobrepeso?”.  Estas son apenas algunas de las frases, conocidas como piropos, cuya supuesta intención es halagar, pero que en efecto día a día lastiman la dignidad de muchas mujeres dominicanas.Durante muchos años han sido vistos como una expresión cultural normal, incluso algunas mujeres afirman que les gusta porque las hace sentir “halagadas”, sin embargo, son muchas las que se sienten incómodas y atropelladas.Martha , como la llamaremos para proteger su identidad, es una de las últimas. Cuenta que un día tenía una reunión de la junta directiva de la empresa donde se desempeña como gerente. Se le hizo tarde por el clásico tapón matinal de la avenida Jhon F. Kennedy. Por eso cuando finalmente llegó iba atravesando con prisa el parqueo y de repente una expresión se quedó retumbando en su cabeza: “Que buen filete para esta yautía”. Se paró en seco y jura que por 30 segundos experimentó el requesón de cuando te dan un golpe. Miró con mala cara al “piropeador”. Era un obrero que efectivamente desayunaba yautía. Contó hasta 10 y siguió caminando a su junta, importándole un poco menos lucirse en su faceta de empresaria, ya ese día se sentía desempoderada.

Apropiación de las mujeres. ¿Por qué un hombre que no conoce a una mujer se siente en el derecho de comentar en voz alta y de manera pública su aspecto? La doctora Sheila Báez entiende que este comportamiento revela la apropiación social y cultural de las mujeres y de su cuerpo.

“La realidad es que es una falta de respeto y es cosificar el rol de la mujer y pensarla como un objeto al que puede acceder libremente. Además, destacan de manera muy evidente los roles diferenciados de los dos sexos: hombre activo y mujer pasiva”, explica la también egresada de la maestría Género y Desarrollo que imparte el Instituto Tecnológico (INTEC).

Opinión similar tiene la psicóloga social Nisaly Brito, dominicana residente en México, quien explica la relación directamente proporcional que existe entre los piropos y la violencia machista.

“La cultura machista entiende que los cuerpos de las mujeres son de dominio público, por eso nos pueden decir lo que ellos quieran y en el momento que lo deseen”, expresa la también máster en Derechos Humanos y Democracia.

Agrega que los piropos son una manifestación de la cosificación sexual de la mujer. “Nos gritan cosas feas porque nos ven como una masa de carne que está dispuesta a someterse al placer masculino”, indica.

Nisaly enfatiza que uno de los indicadores de que los piropos son una manifestación de la violencia machista es que  sólo los “tiran” los hombres. En este punto, Sheila plantea una excepción: también lo hacen las mujeres que son “amachadas” o “tigueronas” y/o aquellas que se asumen como mujeres empoderadas.

¿Exageración?  La Organización Mundial de la Salud (OMS)  indica que dos de cada tres mujeres en el mundo son violentadas en algún momento de su vida. Que existen múltiples tipos de comportamiento agresor y que no todos son físicos es una idea que comparte Yaneris González, activista feminista, y que hay que tener presente para entender por qué calificar los piropos como violencia y acoso sexual callejero no es una exageración.

Y es que  especialistas en la materia y organismos internacionales coinciden en que constituye violencia cualquier acción ejercida contra una persona  contrario a  su voluntad, produciéndole desagrado, molestia, incomodidad, angustia y/o sufrimiento.  Precisamente incomodidad, molestia y desagrado son las sensaciones que muchas mujeres describen al recibir un piropo. De hecho, el acoso sexual se define por el miedo y la incomodidad.

“El  contenido de la mayoría de los piropos es esencialmente violento. Se refiere a nuestras vaginas, nuestras nalgas, nuestros senos…con ligereza y vulgaridad”, apunta Nisaly.

El piropo como acoso sexual callejero entra en dos de las categorías de violencias descritas por el famoso  sociólogo noruego Johan Galtung: La violencia directa, que comprende aquellas conductas de violencia física o verbal, y la violencia estructural, aquellas situaciones de explotación, discriminación, marginación y dominación que se perpetúan en la estructura social.

Ciertamente hay piropos más ofensivos que otros pero en todos los casos se cuestiona quién los hace y por qué. En este sentido Sheila dice que no ve problema en que un amigo, un compañero de trabajo o un hermano, es decir, una persona conocida y de confianza, le comente a una mujer lo bien que se ve, pero el problema es sobretodo cuando se trata de un desconocido que se cree con el derecho de hacerlo.

Al respecto, Nisaly reconoce la existencia de piropos románticos que, por ejemplo, invitan a las mujeres a casarse, pero insiste en que fortalecen la falsa idea del “sexo débil” y plantean a la mujer como una propiedad.

Inconsciente pero no inocente. “Yo no lo hago por mal, sino por bien. Es para que la jeva sepa que está buena”, dice Carlos, profesional del mercadeo,  de 27 años de edad, quien no entiende por qué una mujer habría de molestarse por un piropo. De hecho, cuando nos tomó confianza  nos confesó que piensa que quienes se enojan por semejante halago son unas malas agradecidas.
Lo cierto que si bien es posible que algunos hombres  de manera consciente no buscan herir,  los piropos son una forma de violencia contra las mujeres y además revelan la relación de poder tradicional y desigual, además del mito de que los hombres tienen licencia social para abordar a las mujeres sin que esta licencia sea recíproca y son un indicador de la autoridad que social y culturalmente tienen los hombres sobre las mujeres, como reza en una publicación del Centro de Género de Intec.

Una violación a los derechos humanos. Carla, seudónimo elegido por ella para preservar su identidad, es  una estudiante de arquitectura de 22 años. Cuenta que una vez iba caminando por la avenida Gustavo Mejía Ricart y vio a un grupo de choferes frente al Colegio Lux Mundi. De inmediato decidió cruzar la calle. ¿Por qué? Porque sabía que le iban a comenzar a tirar piropos.

“Puede ser que al pasar el tiempo te acuerdes y te rías, porque algunos son bastantes creativos, pero la verdad es que en ese momento tu sientes la incomodidad. No quieres pasar por ahí. Si fuera algo bueno no te molestaría tanto”, dice.

Al igual que ella, son muchas las mujeres que van caminando por una calle y al ver a un grupo de hombres prefieren desviarse y cambiar la ruta. Con episodios como este se les violentan derechos como sentirse seguras,  la libre circulación, el tránsito, la integridad personal, la privacidad e intimidad.

A otras  como Elizabeth se les viola hasta el derecho a vestirse como deseen. Ella reside en Santiago y cuenta que cuando viene a la Capital una amiga le tiene prohibido que se ponga pantalones cortos so pena de verse expuesta al acoso sexual callejero.

“Es más la forma como te miran y que entienden que debes agradecerles. A mí me han hecho comentarios alusivos a mi tamaño como `tá rendía la morena. Siempre son comentarios alusivos a nuestra entrepierna, a nuestro sexo”, se queja la periodista y feminista.

El delgado hilo entre piropo y violencia física.  Se calcula que una de cada tres mujeres en el mundo es golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos a lo largo de su vida. ¿Qué pasa si una mujer rechaza un piropo? La posibilidad de sufrir violencia aumenta y las consecuencias pueden ser fatales, la violencia verbal e indirecta se acentúa, hay quienes entonces te dicen malas palabras, y pueden incluso llegar a violencia física.

Pero el problema de seguridad ciudadana, cada vez más preocupante a nivel general,  es aún más grave en el caso de las mujeres, quienes ven violentado su derecho a sentirse seguras.

“Es un tema de seguridad ciudadana y, por tanto, compete al Estado tomar medidas para frenar esta práctica en contra de las mujeres y las niñas”, dice Sheila.

¡No quiero tu piropo, quiero tu respeto! La cultura del piropo tiene lugar en muchos países. Por eso hoy día se están haciendo esfuerzos por, primero, desnormalizar esta práctica y evidenciarla como acoso sexual y, segundo, enseñar a las mujeres cómo superarla.

La libertad de tránsito es un derecho que se  le violenta a las mujeres con los piropos.

La libertad de tránsito es un derecho que se le violenta a las mujeres con los piropos.

Una admirable acción dirigida a desnormalizar la práctica es la campaña “No quiero tu piropo, quiero tu respeto” que han acogido diversas mujeres alrededor del mundo.

Mientras en el qué hacer, Sheila indica que no hacer nada “normaliza” la situación, por lo que aconseja que si no existen factores de riesgo de ser agredida, la actitud recomendada es responder de forma asertiva y hacerles ver a los hombres que están faltando al respeto y que sus palabras molestan o son desagradables.

—”Si quien acosa es un/a trabajador/a identificado/a de alguna empresa, tomar foto y acudir a poner la queja en la empresa”, dice tras enfatizar que la mujer debe evaluar bien la situación y el escenario, y que si es una calle muy solitaria o si el hombre presenta un perfil muy agresivo, puede aumentar la dosis de violencia ante la reacción de la mujer.

A nivel estatal es preciso ir deslegitimando esta práctica. Para lo mismo se deben considerar esfuerzos culturales y comunicaciones que evidencien la violencia que se esconde detrás del piropo. Además es preciso que se consideren legislaciones que sancionen este tipo de acoso del cual de ninguna manera se debe responsabilizar a la mujer o a su forma de vestir.

Legislaciones anti-piropo por el mundo.  En España, piropear a una mujer podría tener pena de cárcel y una sanción económica de 3.000 euros. Ciertamente una de las legislaciones antipiropo más avanzadas en el mundo es la de esta nación. Y es que aquí se cuenta con  la elaboración de un protocolo de atención a las mujeres que sean objeto de piropos en la vía pública, atendiendo así una vieja reivindicación de algunos grupos feministas que consideran este tipo de expresiones como “otra forma de violencia contra las mujeres”.

En Perú,  donde la encuesta metropolitana de victimización reveló que en el 2012 al menos siete de cada diez mujeres se sienten inseguras en las calles tras experimentar algún tipo de acoso sexual, en el artículo 130 del Código Penal dice que  ”el que ofende o ultraja a una persona con palabras o gestos será reprimido con prestación de servicio comunitario de diez a 40 jornadas o con 60 a 90 días-multa”.

En tanto que en  Nueva York, en el renglón de  acoso callejero se incluyen piropos, miradas lascivas, silbidos y gestos. Se contempla la multa para esos casos, pero sólo si un uniformado ha presenciado el hecho.

Mientras que en México existe la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en la que se establecen sanciones para aquellos hombres que profieran palabras o lancen miradas lascivas a las mujeres. El objetivo es liberar a la mujer capitalina del acoso al que se ve sujeta gran parte de su vida.

¿Qué pasa en República Dominicana? Producto de la masculinización de la política, que implica que quienes gobiernan, y de acuerdo a una concepción machista donde temas que atañen a las mujeres no son considerados de importancia, la legislación dominicana está muy atrasada en este tema y la violencia que hay detrás de los piropos se invisibiliza con el mote de cultural. De ahí que este sea uno de los grandes temas pendientes a los que las autoridades dominicanas deben prestarle atención, ya que no sólo con los golpes se violenta a una mujer.

EL ZOOM

Los piropos vistos por teóricas feministas

A través de la historia, el tema de los piropos ha llamado la atención del movimiento feminista. Como resultado existe toda una conceptualización acerca de la apropiación y sexualización del cuerpo de las mujeres, que se pone de manifiesto en los piropos.

La socióloga y feminista  Colette Guillaumin explica que las mujeres son percibidas como “un bien común”. ”Se piensa que pertenecemos a los hombres y esa apropiación de las mujeres está tan profundamente admitida que no se nota, es invisible”, dice en su libro Práctica de Poder e Idea de la Naturaleza (apropiación de las mujeres).

De su lado, la mexicana Marcela Lagarde, académica, antropóloga e investigadora, indica que el cuerpo de las mujeres es un cuerpo sexualizado por otros y para otros, en tanto en él se inscriben la mirada, el deseo y el poder masculinos.

“No es un cuerpo sexualizado para sí”, dice la también representante del feminismo latinoamericano.

UN DATO

Afecta mucho a las niñas

  • A menor edad de las mujeres,  mayor nivel de exposición al acoso callejero.
  • Provocan el temor de las niñas, jóvenes y mujeres de andar solas por las calles, lo que limita su libertad  y movilidad.

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