Santiago al garete

santiagoINTRODUCCIÓN

Los seres humanos no escogemos el lugar del planeta Tierra que ha de ser el medio circundante que, por circunstancias de la vida, llega a convertirse en nuestro lar nativo. Después de la repartición territorial llevada a cabo por las clases sociales constituidas en dominantes, las personas físicas llegaron a identificarse por nacionalidades que, históricamente, han sido el resultado de guerras de rapiña entre potencias coloniales.

Una vez una comunidad de hombres y mujeres han nacido, formado y desarrollado dentro de un área específica, toda una serie de factores van haciendo posible que su estadía en ese sitio contribuya, en el futuro, a ser guía de su comportamiento. El terreno, sus ríos, árboles, clima, giro idiomático, productos agrícolas alimenticios, el calor humano de sus coterráneos; crea una vinculación afectiva hacia todo lo que gira alrededor de ese lugar que por coincidencia, hace suyo, por ocuparlo con sentido de apego.

Los dominicanos y dominicanas que nuestras madres, por pura coincidencia, nos parieron en la parte del globo terráqueo que se llama República Dominicana, circunstancialmente en la ciudad de Santiago de los Caballeros y por apego a esta urbe siempre hemos permanecido en ella, la añoramos por el sentido laborioso, solidario y sensible de sus gentes, la identificación con las causas justas de sus habitantes, por sus tradiciones democráticas; en fin, la queremos por su clima acogedor y la agradable vegetación de los parajes y municipios que circundan a nuestro siempre querido Santiago.

Debo precisar que me siento, y así he tratado de comportarme, un ciudadano del mundo que solamente se siente bien en Santiago y en ningún otro pedazo de tierra. De diferentes formas me he dado cuenta que afectivamente la cuna de mi nacimiento significa mucho para mí, hasta el punto de que no obstante que el accionar político ha sido la motivación de mi existencia, y he tenido la posibilidad de ocupar altas posiciones en distintas instancias del Estado, por no vivir fuera de mi Santiago, he optado por no aceptar ninguna función estatal.

I.- El Santiago que yo quiero

Sin ser localista, regionalista, chauvinista ni nada que se parezca, siempre he hecho mías las expresiones que tienen como objetivo elevar el sentido cívico, desarrollista y democrático de Santiago.

Probablemente, por lo mucho que quiero a Santiago me gusta ver a sus gentes, a mis compueblanos contentos, animados, con espíritu de lucha por el avance del país, y por la belleza de la metrópolis circundada por el Yaque; el mismo río desde donde mi madre extrajo el agua para lavar mi cuerpo al momento de mi nacimiento, y espero que conserve agua para que con ella, al momento de mi fallecimiento, mis culpas sean limpiadas.

Para ser consecuente y coherente con mi forma de actuar y pensar debo decir que en los últimos años de mi existencia, como munícipe de Santiago, me he sentido anímicamente lastimado, por la forma de total ausencia de cuido en lo que se refiere al aseo, la falta de interés en enfrentar el desorden en el tránsito y rutas de vehículos públicos, la tolerancia en el desorden en la ocupación de los espacios públicos tomados para el expendio de artículos de todas clases, en tarantines y ventorrillos sin ningún control para su ubicación.

Para evitar cualquier confusión e interpretación caprichosa y antojadiza, debo precisar que mi dolorosa opinión de lo que es el Santiago inviable de hoy, no sólo la expongo ahora, sino que en el curso de otras gestiones municipales escribí varios artículos en los cuales manifesté mi opinión sobre la situación que se encontraba Santiago en lo que se refiere a su estado de abandono.

II- Escritos en interés de Santiago.

Procede que haga la observación de que todo aquel que lea los escritos que voy a transcribir, debe colocarse en la fecha que fue publicado el mismo, para que así pueda tener una adecuada comprensión de lo que abordo en cada uno. La fecha está indicada en la fuente de citas al final de este trabajo.

Para confirmar lo que he dicho en el párrafo anterior, me voy a permitir transcribir algunos de los artículos en los cuales, en un pasado reciente, destaqué la indignación que me producía, al igual que ahora, ver a mi Santiago querido convertido en un medio social no apto para ser habitado por seres humanos civilizados y que gustan de la limpieza y el orden.

Santiago, basura y democracia

Para los pueblos disfrutar lo que es la real y verdadera democracia, precisan tener a su disposición y alcance los bienes materiales y espirituales necesarios para una vida digna.

El hecho de participar en procesos electorales no entraña necesariamente bienestar para los que en cada país son los más; semejante situación se comprueba con lo que ocurre en la generalidad de los países de América Latina y el Caribe, y en particular en el nuestro.

El hecho de que los derechos y libertades individuales estén estampados en un documento y que proliferen lo partidos políticos, no garantiza a los electores y electoras que sus garantías constitucionales puedan llegar a ser una viva realidad.  La mucha libertad teórica consignada en los estatutos políticos legales no se traduce en progreso si el sistema social está organizado en una forma tal que ha sido diseñado para burlar a los que en cada país son los más.

Aquí la ineficacia del funcionamiento de las instituciones se ve con plena claridad y sin el mayor esfuerzo.  Basta con tomar como punto de referencia lo que ha sido el organismo municipal de Santiago que se supone existe para darle solución a los problemas que afectan a la comunidad humana de Santiago.

El descalabro institucional es el resultado de lo que es la política clientelista instaurada en los últimos años por los partidos tradicionales que tienen como base de sustentación a los que están en la política como una forma o vía para solucionar problemas personales.

Lo peor de todo es que se ha llegado a ver como normal que los dineros que pagan los santiagueros y santiagueras para que su ciudad se mantenga limpia sean utilizados para otros fines, lo mismo que se acepta tranquilamente que el Presidente de la Liga Municipal Dominicana haga labor politiquera en un avión con un valor de decenas de millones de pesos comprado con recursos provenientes de todos los ayuntamientos.

Si el nuestro fuera un país administrado por personas decentes y honradas no es verdad que un ciudadano se va aprovechar del cargo que ocupa y los fondos públicos que administra, para comprar un avión para su uso personal, precisamente en el momento en que el pueblo dominicano vive una de sus peores crisis económicas.

La ignorancia de los que ejercen su derecho al voto como clientes políticos hace posible que se desnaturalicen los organismos municipales y el caso de Santiago no es la excepción.  El cliente político está imposibilitado de exigir rendición de cuentas por parte de las autoridades electas porque ha recibido la paga por el sufragio.

La infuncionalidad de las administraciones municipales pone en evidencia que el desorden generalizado es cuestión del sistema y no de personas; lo que se comprueba porque la corporación edilicia de Santiago ha tenido al frente de ella diferentes administradores y partidos, y todos han procedido en igual sentido, lo que revela que el problema no es de qué persona física tenga la dirección municipal, es el sistema que rige el ordenamiento social que hace inútil el órgano municipal.

De una u otra forma las diferentes gestiones municipales han aplicado el mismo método para dirigir el ayuntamiento del municipio de Santiago. Domina la idea de que los recursos que aporta el pueblo para que se le dé solución a los problemas municipales deben ser desviados para cumplir compromisos políticos. Se tiene como una línea en el quehacer de las organizaciones políticas que han manejado los dineros del pueblo de Santiago en el Ayuntamiento que primero son los clientes políticos y, si sobra algo, se piensa qué hacer.

Algunos políticos se han formado la falsa idea de que al llegar al ayuntamiento cumplen con los miembros de la comunidad por el hecho de construir una escuela, dos letrinas, dos contenes, así como donar tres sillas de ruedas y dos escobas para barrer las calles de un barrio determinado.

Los contribuyentes pagan sus impuestos con la creencia de que sus dineros van a ser utilizados para que el ayuntamiento cumpla con los asuntos prioritarios entre los que se destacan, principalmente, la limpieza y el embellecimiento de la ciudad reflejada en sus parques, calles y avenidas. Pero no ocurre así.

Aceptar tranquilamente que Santiago está dominado por la suciedad, la basura y la contaminación ambiental, forma parte de lo que es la democracia representativa en un país atrasado y dependiente como el nuestro. Si aquí las instituciones descansaran sobre una base social justa y se respetara la voluntad política de los electores y electoras, no es verdad que un pueblo como Santiago, que genera una gran parte del presupuesto nacional, se encontrara en el estado actual de podredumbre, suciedad y desorden.

FUENTES:
(1) El Nacional. 3 de febrero 2004.
Continuará la semana próxima.

Ramón Antonio Veras /  elcaribe.com.do/santiago-garete

de Desde Santiago Publicado en Santiago

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