Víctimas de la realidad de una novela

Mileyma Izquierdo

Mileyma Izquierdo

En un principio creó Dios a nuestras madres y abuelas, pero ninguna de ellas vino con manual de instrucción.

Nunca a nadie se le enseñó a vivir con previo aviso. Diariamente estamos improvisando. Constantemente, compartimos gratuitamente nuestras experiencias con la intención de orientar a todo aquel que nos rodea. Es imposible contabilizar las tazas de café y tertulias andragógicas de “Hágalo usted mismo”. Durante toda la vida hemos visto numerosas telenovelas que nos dan una idea del ciclo de la vida más allá de: “Nace, crece, se reproduce y muere”.

Pero, si analizamos superficial o profundamente, ¿qué tan peligrosas son las telenovelas y su influencia en el comportamiento humano? Su contenido es altamente tóxico, se filtra en nuestras venas, crea adicción, afecta la salud emocional y finalmente perdemos la conexión con la realidad. Pues, es mejor no verlas; ya que, somos lo que consumimos.

Impactanen la codificación mental, es como si fuera un patrón, un librito o un manual de comportamiento social. En los últimos años, ha surgido una tendencia hacia losguiones basados en historias de narcotráfico y crimen organizado que incitan y promueven cualquier cosamenos una sociedad sana e íntegra. Las telenovelas dividen al mundo en dos, los buenos y los malos; pero ¿quién es quién?

La maldad es relativa, de no ser así, que alguien le pregunte al Diablo si Dios es bueno. En la novela de la vida real, la bondad está estrechamente asociada al sufrimiento, una fascinación constante por el dolor. Los protagonistas son víctimas eternas del destino. Y el malo, es el que busca con sed su felicidad, el que se ha planteado un objetivo y lucha por sus sueños.

En el mundo real, lo contrario a lo bueno es lo mejor, ya que cuando nos inclinamos exclusivamente por lo bueno, descartamos lo mejor; y eso sí que es malo. Con el control en la mano, está quien se cree absoluto y que el mundo gira a su alrededor. Sintonizamos una burbuja y encarnamos el protagonismo de nuestra propia novela.

Nos conformamos con lo bueno, nos creemos no merecedores de lo mejor, porque nuestra condición de protagonistas de telenovelas nos dice que el sufrimiento es el sentimiento correcto, porque siempre habrá alguien sacrificado a causa de nuestra felicidad. En la vida real, el bueno es el que compite, pero consigo mismo; quien se esmera por ser cada día mejor.

La vida no termina con el beso del capítulo final, no termina el día de nuestra boda ni en un choque de copas. La vida no termina ni siquiera con la muerte. Existimos mientras alguien nos recuerda, mientras alguien nos piense, mientras alguien nos bendice en la distancia. Nos inmortalizamos el día que se consume el hecho de lo enseñado, de lo aprendido; cuando nuestro universo se expande y se hace mejor porque nosotros existimos. Eso sólo se logra a través del servicio que ha de ser el génesis y el apocalipsis de una vida con propósito. Porque no es lo mismo que vivir, honrar la vida; como lo hubiese dicho la vieja Petra.

Mientras perdemos el tiempo programando asuntos infértiles, del otro lado del televisor se siembra la ponzoña, el chisme, la envidia, el celo feroz. Desconectémonos de tanta basura. Prestemos especial atención a lo que estamos trasmitiendo a nuestros semejantes, a las futuras generaciones.

Fuente Externa: Mileyma Izquierdo Q.
Columnista

Robert Sanchez / DesdeSantiago.net

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