Santiago y yo

santiagoSantiago no me vio nacer, muy dentro del corazón llevo al pequeño terruño, hábitat de mis padres donde por vez primera, me alumbró el sol, pero he hecho tan mía a esta ciudad que me atrevo a decir que soy uno de sus latidos, siendo ella parte de mí.

Esta ciudad es sin embargo, la cuna que albergó parte de mi adolescencia y juventud, es aquí donde las luces del saber empezaron a anidar en mí, aquí donde nacieron mis alas, crecieron y las nubes parecían de miel en mis andanzas y tan volátil fui, que mis alas ardieron y sin ellas caí.

Santiago me ha visto reír y llorar, he reído siendo tan inocente que era capaz de creer en la verdad de un príncipe azul, luego lloré despojada por la vida de esa candidez que nos envuelve a veces, es satisfactorio haber quemado esas etapas de idealismo en la que todo parece perfecto, cuando el alma es tan candorosa que se da por completo.

Nuevamente me despedí de este Santiago igual y diferente, igual porque su esencia no cambiará nunca, diferente porque han cambiado sus calles, invertido sus valores y sus palpitaciones las han convertido en una taquicardia que necesita con urgencia la dedicación de un especialista que haga beber a este pueblo, la medicina adecuada.
Acabado, sucio, casas del siglo pasado desvencijadas y convertidas en solares para aparcar vehículos, casas de estilo neoclásico o colonial, construcciones antiguas preservadas como patrimonio cultural violentadas y resquebrajado su estilo  para levantar en su lugar, torres residenciales o de oficinas.

¿Quién se casa cosa con la gloria y salva a la Ciudad Corazón? porque con ligeras excepciones, podría decirse que esta ciudad está huérfana de gente a quien duela, excepcionalmente también existe alguna institución, algún político/a, clubes, juntas de vecinos, que sienten en carne viva la destrucción de que está siendo víctima Santiago.

Da pena ver el centro, las calles de siempre por las que paseaban las familias admirando las vitrinas de la calle Del Sol, o esperaban el día de la semana marcado para ir al Parque Duarte a la retreta inolvidable en muchas generaciones y que en décadas no tan lejanas, todavía estaba en agenda.

Ese mismo Parque Duarte al que supuestamente quisieron modernizar logrando solo destruir, parece que no se aprenderá que los monumentos se cuidan y restauran, pero jamás debe atentarse contra su estilo porque entonces pierden valor histórico y cultural.

Díganme a quien se le ocurriría cambiar la fachada de la Catedral de Notre Dame en Paris, por solo poner un ejemplo de monumentos famosos que llaman la atención por su valor arquitectónico antiguo.

Nuestra ciudad está sucia, desordenada y las calles del centro sobre todo y ese casco antiguo, precisan mucha atención, ahora que el Síndico acaba de anunciar sus aspiraciones de reelección, más le valdría encargarse de esto y que lo haga bien, para que al menos tenga algo lógico y concreto que ofrecer.
Señores funcionarios, políticos, Iglesia católica cuya sede está precisamente en un área caótica, olviden diferencias y cuiden a Santiago.

Nurys Rivas  /  Lainformacion.com.do

 

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