Una épica de cada día

Federico Henríquez Gratereaux.

Federico Henríquez Gratereaux.

Pedro Henríquez Ureña dijo que “la intelección de la idea nacional” en Santo Domingo, es un proceso colectivo que va desde 1820 hasta 1870. Se incuba en un lapso de cincuenta años. Los hitos son: la Independencia Efímera, en 1821; la dominación haitiana, a partir de 1822; la fundación de la sociedad secreta La Trinitaria, en 1838; la proclamación de la Independencia, en 1844; la anexión a España, en 1861; la Guerra de Restauración, que culmina en 1865. Estos altibajos de nuestra historia social son el crisol de la dominicanidad incipiente. En los tiempos de Núñez de Cáceres sólo un pequeño grupo pensaba en la autodeterminación.

En la época de los trinitarios-diez y siete años después-ese grupo ya era mayor; cubría a la mayor parte de la clase media. Juan Pablo Duarte, los fundadores y adeptos de La Trinitaria, son integrantes de este grupo social. Las guerras contra las invasiones haitianas mantuvieron cohesionados a los fundadores del Estado dominicano hasta 1856, fecha de la última incursión del emperador haitiano Soulouque. La anexión a España-entre miedos a la autodeterminación y rebeldías de los sentimientos nacionales -desata una guerra general. Es entonces cuando participan en la actividad política todas las clases sociales de la República Dominicana.

Esa participación, en diferentes regiones del país, es la causa del posterior desarrollo del caudillismo. Precarios medios de comunicación, poquísimas carreteras, favorecieron este “efecto secundario” de la epopeya restauradora. Nos libramos: primero de los haitianos; después de los españoles. No sentíamos ser ni unos ni otros. Por la vieja tradición hispánica, que nos llevó a la “Reincorporación” en 1808, éramos antifranceses; la ocupación por franceses negros nos hizo desear “la separación”. No olvidemos que la “abolición jurídica” de la esclavitud vino acompañada del “trabajo forzado”.

Y con el trabajo forzado –equivalente de la esclavitud- nos obligaron a pagar impuestos para sufragar “reparaciones” a Francia por plantaciones que los dominicanos no habíamos quemado. El gentilicio “dominicano” aparece en una novena a la Virgen de Altagracia, a fines del siglo XVIII. Pero la “voluntad política” es cosa del siglo XIX. ¿Cómo haremos en los nuevos tiempos que vivimos para estimular una épica de todos los días? ¿Es solamente un problema de educación cívica?

A PLENO PULMÓN /     hoy.com.do

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