Escándalo ecológico del Alcalde

parqueduarte1El Alcalde de Santiago se ha caracterizado en su gestión por tomar decisiones sin tomar en cuenta el marco institucional y los sectores sociales que determinan el grado de aceptación y rechazo que conforman lo que se denomina la legitimidad del liderazgo. Su esquema de decisión ha sido muy personal, emotivo y arbitrario, supuestamente pensando en la “fuerza del pueblo”, una abstracción que se ha concretizado en sus vínculos comerciales y personales con ciertos sectores y personeros de la vida social de la Ciudad. Por esas razones no es de extrañar que la reciente decisión suya de la tala de los árboles que formaban la foresta del  Parque Duarte, una reliquia del espacio ecológico de la ciudad, haya provocado el más amplio rechazo de parte de la población, que repudia esa forma de decisión, considerada un “ecocidio” ordenado incluso sin considerar  la autoridad de Medio Ambiente, tal como lo ha reconocido públicamente el Director Regional de esa dependencia del Estado, responsable de la preservación del medio ambiente y de los recursos naturales.

El estilo de liderazgo que ha ejercido el Alcalde, corresponde sin duda a una forma derivada del paradigma  del liderazgo caudillezco, el cual ha sido una tradición todavía no extinguida de la cultura política patrimonialista, que concibe al Estado y las instituciones públicas como un patrimonio personal, sobre el cual se decide personalmente, sin considerar a las instituciones y a la población, las cuales deben padecer las arbitrariedades de esa forma de ejercer la “jefatura”.  Esa pauta del caudillo patrimonialista en vez de debilitarse con la democracia participativa, hoy día se refuerza con las pautas políticas incorporadas de la imposición en el país del llamado “capitalismo salvaje”, que ha puesto en vigencia el “clientelismo mercantilista” de la partidocracia, de cuyo liderazgo nace una relación de intercambio entre el líder y  la población, mediante la cual el líder o caudillo transfiere prebendas públicas a sus favorecidos y relacionados a cambio de apoyo y lealtad.

Ese paradigma del liderazgo clientelar patrimonialista se ha generalizado en toda la administración pública, a medida que ha ido avanzando el “gran cambio” en el país, tal como se ha evidenciado en las múltiples auditorías realizadas por la Cámara de Cuentas, las cuales han detectado las innúmeras irregularidades que cometen los incumbentes de las funciones públicas, como consecuencia de obedecer a ese paradigma del liderazgo personalista y patrimonialista del caudillismo.

Por un liderazgo democrático

El escándalo de la tala de la foresta del Parque Duarte, independientemente de cualquier razonamiento ecológico sobre el estado de salud de los árboles cortados, es un ejemplo reiterado de un liderazgo, que no puede sustentar un esquema moderno de democracia, sino que reproduce el atraso que significa la vigencia de la tradición caudillista.

El caso de la Alcaldía de Santiago, muy singular por cierto, debe hacer pensar a los santiagueros orgullosos de su tradición progresista y democrática, en la necesidad de que en Santiago renazca un liderazgo racional, moderno y democrático, y muera el liderazgo atrasado y arbitrario del caudillismo personalista.

¡Arriba Santiago!

lainformacion.com.do/opinion/editorial

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