La Guerra de Abril: Frustraciones y Esperanzas

abril1965Pese al enorme legado de arrojo, valentía y dignidad nacional que recoge la Guerra de Abril del 1965, nada perdura más la frustración y la esperanza en el pueblo dominicano y la memoria histórica de esta gesta.

Abril fue la respuesta del pueblo a sus verdugos dentro y fuera del país y fue la esperanza de reconstruir el camino hacia la institucionalidad y la democracia nacional tronchada y avasallada por el golpe contra el profesor Juan Bosch en 1963.

Bosch era en ese momento el legado de la Dignidad Nacional expresada en línea recta desde grupo liberal de los independentistas, luego de los restauradores y grupos que en cada uno de sus momentos han luchado contra el conservadurismo rancio, retrógrada, entreguista y perverso que ha prevalecido del otro lado.

Esfuerzos por restablecer la dignidad que cegó la vida de Manuel Aurelio Tavárez Justo (Manolo) las montañas de San José de Las Matas. Ese sacrificio de Manolo y sus combatientes, si bien fracasa militarmente, siembra la llama de la indignación que reventará posteriormente aquel 24 de abril del 1965.

En el mismo desarrollo de Guerra, cuando el país vive uno de los momentos más estelares de su historia, tal vez solo comparado con la Guerra Restauradora, cuando sus militares patriotas y el pueblo se abrazan en las calles y el fragor del combate por la causa de la dignidad y la democracia aparece la intervención Yanqui.

Intervención que si bien es ciertos que es realizada por el imperio y sus intereses imperiales, no menos cierto es que fue acariciada, solicitada y justificada por los traidores y asesinos para refugiarse en ella y no responder por sus deudas ante los crímenes y el saqueo a que habían sometido al país.

El pueblo en armas, sus soldados formado en el estirpe de los trinitarios y los restauradores bajo la dirección del Héroe Nacional Francisco Alberto Caamaño Deño enfrentaron al intruso invasor.

Pero los traidores, forjado en la herencia del crimen y el despotismo se fueron del lado de los invasores y una vez más estuvieron dispuesto para ahogar en sangre la esperanza del pueblo.

Nunca pudieron tomar la zona de los revolucionarios, ni con el poder militar heredado del trujillismo ni con las armas y los soldados del imperio que lo superaban en mucho. Recuerda aquella frase de José Martí, cuando decía que lo que importaba no era el número de armas en la mano sino el número de estrellas en la frente.

Sin embargo, una vez más si impuso la sangre y el dolor, tras las negociaciones, vino  el Balaguerismo,  la continuidad del Trujillismo criminal y perverso. En los 12 años siguientes ahogaron en sangre la esperanza del pueblo expresada en miles de jóvenes asesinados por disentir o por soñar otro abril.

Tras el retorno de la democracia en el 1978, cuando regresaron los exiliados, salieron de las cárceles los presos políticos y la libertad parecía  encaminarse hacia un proceso anhelado, las frustraciones no tardaron en llegar. Volvió el Balaguerismo con sus diez años en el 86, y pese a los nuevos tiempos no faltaron unos que otros crímenes, como Barbarín Mojica, Narciso González y otros. Volvió la perversidad, el fraude electoral del 1990, en 1994, destruyen los sindicatos y la necesidad de encaminarse a un nuevo sendero.

Cuando logramos salir de aquella generación donde suponíamos dejaríamos atrás sus males, nos casamos con el neoliberalismo y el libre mercado.

Los nuevos se llevaron en las uñas las empresas del Estado, el legado de lo que el pueblo arrancó a los trujillos y se impuso el concepto funesto de “hacer política es hacer negocio y hacer fortunas en el Estado”.

Nada más que agregar sobre impunidad, corrupción, narcotráfico, blindaje y clientelismo y otros males.

Simplemente! Nada ha prevalecido tanto como la desesperanza frente a los anhelos de un pueblo que tras frustrarse y ahogarse en su propio dolor está conminado a despertar.
La Guerra, ya no es el camino en este mundo civilizado y tecnológico que ama la paz y la vida, pero la rebelión cívica, la  indignación contra la corrupción, la impunidad, el blindaje y la perversidad manipuladora tienen que ser las metas truncas de aquellos senderos del coronel de Abril y redención de un pueblo que se niega a volver al pasado.
Aún vivimos momentos estelares de nuestra historia y  habrá Francisco Alberto y Esperanza para muchos siglos.

Lainformacion.com.do

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