RD, un país de migrantes

Rafael Baldayac

Rafael Baldayac

Los dominicanos por naturaleza somos hospitalarios, generosos, solidarios con los extranjeros, esta particularidad forma parte de nuestra idiosincrasia, el emblema distinto que nos identifica, muy lejos de las acusaciones de racismo, segregacionismo y discriminación que nos hacen algunos. Su estratégica ubicación en el Caribe insular ha hecho de República Dominicana un punto de partida y de llegada durante toda su historia.

Hace poco se cumplieron 75 años en que República Dominicana se convirtió en el único país protector de los inmigrantes judíos-alemanes, los cuales  con su gran laboriosidad fueron los artífices de lo que es hoy Sosúa, Puerto Plata, acontecimiento que debió ser motivo para que el Gobierno enarbolara esas particularidades propias del dominicano.

En 1938, época en que era difícil encontrar oportunidades de salvación para los judíos de Europa, el Gobierno dominicano se ofreció a reasentar hasta cien mil judíos. Sosúa, en el norte de la isla, se convertiría en el nuevo hogar para más de 900 refugiados que huían de la persecución de los nazis y que lograron salvarse del Holocausto.

Todo surgió durante la Conferencia de Evian, Francia, donde 31 países evadieron recibir a tal cantidad de judíos, sin embargo nuestra nación fue la única que decidió abrir sus puertas a este grupo de ciudadanos a punto de morir.

Cuando revisamos la historia vemos que poblaciones indígenas llegadas de continente que se llamaría América se asentaron en la isla conocida luego como La Española, y consumado el descubrimiento, españoles conquistadores protagonizaron la migración que marcaría para siempre el perfil étnico del territorio.

Más tarde con el asentamiento de España se dieron las condiciones para la traída masiva de mano de obra africana esclava. La población criolla que conformaron españoles y negros africanos dio origen al mulato dominicano. Los indígenas diezmados por el genocidio de los europeos, dejaron una herencia étnica apenas identificada con los recursos científicos del siglo XX. La mezcla de razas y nacionalidades, sin embargo, nunca se ha detenido.

Es innegable que la vecindad con Haití convirtió desde siempre la frontera que separa ambos países en un punto de idas, regresos y permanencias. En el período que va desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el final de la dictadura trujillista (1961) se produce el más importante flujo de inmigrantes.

Históricamente se presentan otras dos vertientes de inmigración fundamentales: la llegada de braceros de las Antillas, especialmente haitianos, y luego de empresarios, campesinos, comerciantes y refugiados políticos llegados de islas vecinas y Europa.

La inmigración masiva de braceros de las Antillas es impulsada por la necesidad de mano de obra barata para la realización de obras públicas y el corte de caña de la industria azucarera de capital extranjero que cobra auge a partir del último tercio del siglo XIX. Es precisamente durante la primera ocupación norteamericana, entre el 1915 y 1925, que se concentra el mayor número de braceros importados.

Primero predominaron los procedentes de las Antillas Menores (inglesas), en especial durante el tránsito del siglo XIX al XX; pero luego, sobre todo desde el segundo cuarto del siglo XX, los haitianos constituyen mayoría. Estos últimos no sólo se ubicaron en torno a los grandes ingenios (San Pedro de Macorís, La Romana, Barahona, entre otros), sino que también se asentaron paulatinamente en el lado dominicano de la frontera (Mao-Esperanza).

Muchísimo menos numeroso que el anterior fue el grupo de empresarios, campesinos, comerciantes y refugiados políticos. Esta clase de inmigrantes hizo aportes significativos en lo económico, social y cultural. En un primer momento estuvo conformado por refugiados políticos y empresarios impulsados por los procesos de independencia de Cuba y Puerto Rico.

Luego, la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial atrajeron españoles, italianos y alemanes, en especial de ascendencia judía, asentados en Sosúa.

Cabe mencionar también el plan de colonización agrícola que el Gobierno del dictador desarrolló a lo largo de línea fronteriza, especialmente en Dajabón. Todas esta medidas a fin de contrarrestar la presencia y asimilación de haitianos en la zona y garantizar la suficiencia alimentaria.

Además Trujillo desplegó una campaña para atraer europeos, sirio-libaneses e incluso japoneses a cambio de tierras que pudieran cultivar.

Desde el derrocamiento del dictador los flujos migratorios se han intensificado. Los procesos inmigratorios han aumentado y se han acelerado. Hoy es evidente que la colonia extranjera más numerosa es la haitiana pero también se aprecia un dinamismo creciente respecto a la entrada de otros extranjeros, procedentes de Europa, debido al auge del turismo.

lainformacion.com.do

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