El Santiago de mis sueños

Diversos sectores abogaron por el remozamiento del Centro Histórico.

Diversos sectores abogaron por el remozamiento del Centro Histórico.

Era Santiago, no Santo Domingo, el prototipo de ciudad donde quería residir. Por la calidez de su gente, el compadreo, la apacible mezcla de urbe que crece respetando la naturaleza que invade cada patio, el canto de las marchantas, las cervezas y quipes de Bader, la euforia de los aguiluchos, sus montañas cercanas (ahora violadas), y los pericos ripiaos que me enloquecen.

Pero, ¡oh desgracia!, lentamente el narcotráfico y la delincuencia comenzaron a hacerse dueños del territorio, secuestrando la paz que disfrutaban sus ciudadanos honestos. Hoy, los hacendados acomodados de la región temen enviar sus hijos a estudiar en las eficientes universidades de Santiago, porque son invadidos de noticias sobre  asaltos y asesinatos, hasta por la sencillez de robar un teléfono celular. Las balaceras por cobro de deudas de drogas sin pagar, o por la ocupación de un territorio “ajeno”, trae locos a todos los barrios marginales y mantiene en áreas limitadas a los de las clases media y alta.

No hay dudas de que la serpiente de la droga ha encantado a cientos de jóvenes que, bajo la acción de los mismos estupefacientes, no tan solo se dedican al negocio de la venta, sino que son capaces de asesinar a quien sea, sin que ello les provoque un previo gesto de duda o posterior resentimiento. Se dieron cuenta lo difícil que les resulta insertarse a la sociedad para, a base de un plan de estudios, llegar a alcanzar una vida digna. Sus padres no tienen recursos para financiarlos y, llegada la adolescencia, ven a sus similares subidos en automóviles y pagando cuentas en discotecas, mientras ellos acarician en sus bolsillos las monedas que deben rendir para toda la semana.

Los medios de comunicación de la zona, lanzan gritos exigiendo a la Policía Nacional acciones drásticas, y nombrar jefes aguerridos, pero cada día hay más agentes del orden público (de todas las ramas), involucrados con los criminales. ¡Si los santiagueros decentes no se rebelan, Santiago no volverá a ser el Santiago de nuestros sueños!

Freddy Ortiz /    Listindiario.com

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