Ropa usada otro matiz al comercio de Santiago

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Las “pacas” o “ropa de segunda mano”, surgen como una forma de prolongar el ciclo de vida textil y satisfacer la creciente demanda de vestimentas. Cada vez es más común encontrarse con establecimientos destinados a vender los paquetes de ropa que llegan a través de la frontera con Haití y embarques.

Las típicas pirámides de ropa en el piso y “el abájate boutique”, ya forman parte del pasado de la tradición comercial de esta demarcación, que en la actualidad cuenta con más de cincuenta tiendas establecidas, que movilizan millones de pesos anuales y generan cientos de empleos.

Según Josefina Colón, propietaria de una tienda de vestimenta de segunda mano, la ropa de paca ya no es exclusiva de los extractos sociales más bajos. El público de clase media y alta también gusta de este tipo de mercancía, porque le permite adquirir las marcas reconocidas a bajos precios.

Colón agrega que en los últimos años las propuestas se han diversificado y, por esa razón, la ropa usada está llegando a más personas, sin distinción de clase, origen y edades.

¿Pacas o ropa de segunda mano?
Existen diferencias entre la mercancía procedente de “pacas” y las denominadas “second hand clothings”, Yasmelda Inoa Paulino, propietaria de “Women’s Place”, explica que las pacas generalmente entran por la frontera, no vienen clasificadas y son más baratas, mientras que la mercancía proveniente de empresas distribuidoras de ropa de segunda mano se compran por categorías y en óptimas condiciones.

De acuerdo con Inoa, el negocio de las pacas es comprar a ciegas porque se corre el riesgo de conseguir poca mercancía en buenas condiciones.

COMPETENCIA PARA LAS TIENDAS
Es cierto que está de moda comprar y vender ropa de segunda mano, también lo es que los principales afectados por esta práctica son los comerciantes convencionales.

El expresidente de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico de de Santiago, Carlos Lora expone que el progreso de este mercado es un mal y la única forma de paralizarlo es asignando el pago de impuestos de esta mercancía, como si fueran nuevas.

Lora asegura que la comercialización de ropa y artículos usados afecta negativamente el comercio local y provoca la desaparición de fábricas de telas en la región.

El empresario entiende que la solución es el control y regularización en el proceso de importación, para ello es necesaria la intervención de los organismos competentes.

La ropa usada se consigue con agentes independientes “cazadores”, o suplidores mundiales.

PRECIO
El proceso culmina con la venta de los paquetes, su costo promedio, 375 dólares.

PACAS
Yasmelda Inoa plantea que las prendas de vestir de “pacas” vienen muy usadas, y por consiguiente gozan de menos demanda. 

La ropa usada abre las puertas a nuevas tendencias
Lo que para muchos es una alternativa al momento de adquirir  ropa y accesorios a precios bajos, otros lo convierten en una propuesta novedosa que procura satisfacer al público más joven con inclinación por la moda internacional.

Yanelda Inoa Paulino cuenta que hace tres años se dedica a la venta de artículos usados. En sus inicios, comercializaba accesorios del hogar, calzados y ropa para toda la familia, pero al darse cuenta que gran parte de sus clientes eran féminas amantes del buen vestir decidió cambiar la temática de sus mercancías.

En la actualidad, administra un local, que recibe decenas de mujeres entre 18  y 40 años de edad. Además de ropas, calzados y carteras, complementa su oferta con accesorios de bisutería y cosméticos.

Inoa Paulino admite que comprar ropa usada está de moda debido al surgimiento del estilo “vintage”  y la visión de crear espacios destinados a la comercialización de ropa y artículos usados bajo estrictos criterios de organización y selección.

Diversidad de ofertas
Al igual que Paulino, existen otras jóvenes que transforman pequeños espacios en puntos de referencias al momento de comprar vestimenta. Tal es el caso de María Cristina Álvarez, dueña de la tienda Retro Stylo, quien expresa que el principal objetivo del negocio es apartarse de la idea tradicional de la “pulga” y brindarle al cliente la oportunidad de vestir diferente.

Álvarez lleva cinco años en el mundo de la ropa usada, pero  hace dos años decidió reformar el modo de vender sus mercancías. Resalta que las redes sociales sirven de plataforma para promocionar todo lo que llega a sus manos.

Como si se tratara de una boutique de marcas exclusivas, María Cristina y su esposo acomodan cada pieza de acuerdo al estilo, color y talla, luego toman  las fotografías y las comparten en las páginas de internet, una vez los clientes escogen las prendas de su preferencia proceden a realizar el depósito bancario, y al final pasan por el local a retirar su compra.

 Sus Clientes:
Ambas propietarias dijeron que sus clientes son mujeres de entre 18 a 40 años de edad, un 80% es de clase media y un 20%, provenientes de la clase alta.

Viviana Hernández es estudiante universitaria de 26 años, afirma que comenzó a visitar este tipo de tiendas por curiosidad y terminó convirtiéndose en cliente porque encuentra todo lo que busca, en un lugar cómodo y a precios asequibles.

Para Mayeline Olivo, de 31 años de edad, es mejor comprar ropa usada porque no hay mucha diferencia entre lo que te ofrece el mercado de ropa nueva. “Por  ejemplo, una blusa casual a la moda te cuesta de 350 pesos 500, mientras que en una tienda te vale 1,300 y más, si a eso le sumas las atenciones y la exclusividad, no tienes razones para comprar en otros lugares”.

Listindiario.com.do

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