Jose Manuel Glas

Jose Manuel Glas.jpgFue un singular personaje del siglo XIX.

Comerciante, diplomático, político y filántropo, José Manuel Glas es una de las figuras más atrayentes del Santiago de la segunda mitad del siglo XIX.

Nació el 9 de abril de 1834 en la villa de Cotuí, siendo hijo de José Glas Adames, un sacerdote que luego ahorcaría los hábitos y de la mulata María Lucas, apodada Mariquita.

A pesar de que llevaba el apellido de su padre, Glas siempre se presentó como hijo natural. Creció en San Francisco de Macorís, donde fue bautizado por un haitiano, jefe de escuadrón en esa ciudad, de apellido Ambot y la señora María Luisa Alejandrino.

El general Gregorio Luperón resaltaba de él su carácter afable, su fisonomía risueña, su mirada seductora, la fineza de su trato y su introspección. El norteamericano Randolph Keim lo recordaba como un hombre de pequeña anatomía y formal en exceso. Sus gustos aristocráticos llegaron al extremo de marcar sus trajes, camisas, medias, pañuelos y otras prendas de vestir con una letra “G”, identificatoria de su apellido.

En 1861, decidió abandonar San Francisco de Macorís y mudarse a Santiago, que era una ciudad con mayores expectativas de progreso; como recordaba Luperón, “sus cálculos eran más poderosos que su razón”. Glas compró un solar en la acera sur de la calle de la Cuesta Blanca (hoy Duarte), entre el callejón del ex-Convento (hoy General Cabrera) y la calle Del Sol. Allí levantó unos almacenes, que el incendio del 6 de septiembre de 1863, en la guerra de la Restauración, destruyó. Después del incendio, Glas fue uno de los primeros en restablecer su comercio. Sobre las ruinas de sus almacenes construyó un nuevo inmueble de dos plantas que respondía a tres propósitos: un lugar para la venta de mercancías, un almacén y una vivienda.

Glas se había integrado tempranamente al movimiento restaurador. Aunque se contó entre los que salió a recibir a los primeros soldados de los batallones de la corona española en Palmar, el 22 de abril de 1861 y que ya en la ciudad se esmeró en obsequiarlos, luego decidió apoyar a los dominicanos. Estuvo implicado en el movimiento del 24 de febrero de 1863 en contra de la Anexión y ese mismo año fue “comunicado” masón junto a varias personalidades por el delegado de la Gran Logia Nacional, Antonio Delfín Madrigal hijo. También formó parte de la Comisión de Hacienda del Gobierno Provisional Restaurador.

En 1867 fue regidor del Ayuntamiento y en 1869 era Venerable Maestro de la logia de masones Nuevo Mundo No.5. El 10 de junio de 1870, Glas casó con Gumercinda Malagón, hija de Ambrosio Malagón y Saturnina Pérez, viuda de Victoriano Pérez y con quien había procreado una hija, Clementina. Para Glas, fue de su eterna consideración y afecto, al punto que la envió a estudiar a Alemania, empeñado en darle una buena educación. En poco tiempo, la casa comercial de Glas llegó a ser la más grande de Santiago y una de las más fuertes del Cibao. Tenía las cosas más indispensables y sus clientes venían de todas partes. Sus capitales y su nombre aumentaron. Su esposa sería testigo del crecimiento de su fortuna como exportador de tabaco y campeche, destilador de alcoholes, prestamista, contratista de obras públicas y propietario de numerosos inmuebles en el Cibao.

En 1874, ocupando el Ministerio de Hacienda, fue comisionado por el gobierno de Ignacio María González para negociar un empréstito de tres millones de pesos en Europa. En 1875 fue miembro de la Junta de Fábrica de la Iglesia Mayor, instalada el 1 de abril de 1875 y empresario de la reconstrucción de la casa de gobierno en Santiago. Ese mismo año salió nuevamente con destino a Europa, esta vez específicamente a París, en representación del gobierno de González, para celebrar un contrato con el señor Mardochée Lambert, negociante armador de esa ciudad, para la explotación de los guanos, guanitos y fosfato de cal de la isla de Alta-Vela.

Talento y fortuna no le faltaban, como apuntaba Luperón. En 1874, después de su renuncia como Ministro de Hacienda, obtuvo del Poder Ejecutivo dos concesiones, una para acometer la empresa de canalizar el río Yaque, desde Santiago hasta la desembocadura del río en [Montecristi]] y otra para la apertura de un camino de Santiago a Puerto Plata. En 1876 en su finca en Punta de Mangle, Samaná, comenzó a fomentar cacao y en Estero Balsa, la compra de campeche, mientras que en 1877, estableció una finca de 1,200 tareas en Cabeza de Toro, en la banda sur de la península de Samaná, a la que bautizó con el nombre de Gumercinda y en la que sembró caña de azúcar yerba de guinea.

En 1881, decidió invertir dinero ganado en sus actividades comerciales en el financiamiento de una obra de infraestructura de importancia para la ciudad: un puente sobre el arroyo de Nibaje. Ya antes había prestado su concurso económico para la construcción y arrendamiento del mercado de Santo Domingo en 1878 y el de Santiago en 1879. Incondicional del presidente Ulises Heureaux, en 1882, le adjudicó la construcción de la torre del reloj en la Fortaleza San Luis y del Palacio de Gobernación en 1884.

En 1888 presidió la Junta de Fábrica creada por Monseñor Fernando Arturo de Meriño para la continuación de los trabajos de la Iglesia Mayor, paralizados en 1884 y reiniciados entonces. En 1889, integró el Comité Propagador del proyecto del Ferrocarril Central Dominicano y fue uno de los expositores dominicanos en la Exposición Universal de París, contándose entre los primeros representantes de nuestro país en una exposición en el extranjero. En 1890, fue junto a su yerno Enrique Pou, cofundador de la sociedad “Amigos del Adelanto”, creada por el Pbro. Angel Rusterucci, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Altagracia, para impulsar la construcción del parque Colón. En 1891 se unió a Manuel de Jesús Galván y al munícipe mocano Carlos María de Rojas en la “Carlos M. de Rojas y Ca.” para fundar la “Compañía del ferrocarril mediterráneo del Cibao”, en el interés de establecer un ferrocaril que comunicara las provincias de Santiago, La Vega y Espaillat, con una vía lateral hasta San Francisco de Macorís.

En ese mismo año decidió donar gustosamente al hospital “San Rafael”, recién fundado por la sociedad “La Caridad” el usufructo, por tiempo indefinido, de la barca que había mandado construir para el cruce del río Yaque en el paso de Los Borbones. En 1892, fue miembro de la subcomisión regional creada con motivo de la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América.

Glas ya se encontraba enfermo de tuberculosis en octubre de 1891. Sintiendo con seguridad que perdía sus fuerzas, en ese mismo mes puso en venta varias de sus propiedades, entre ellas siete estancias abandonadas en Samaná. A propósito de su quebranto, hizo construir en San José de las Matas una casa en madera de caoba y otras especies preciosas, en la que buscó recuperar su salud, entre aquellas serranías de clima seco pero fresco. Después de una estadía de más de tres meses, entre octubre de 1891 y febrero de 1892, en junio de ese año viajó a Hamburgo, Alemania, en compañía de su esposa, la señora Claudina Moya y el Dr. Pedro Pablo Dobal En Berlín se entrevistó con el famoso Dr. Robert Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis. En agradecimiento a sus servicios, Glas obsequió al Dr. Dobal un bastón de marfil.

En 1893, temiendo cercana tal vez la muerte, puso en venta una estancia en Monte Abajo, Moca. El 24 de noviembre de ese año, se instaló a instancias suyas una Sociedad Agrícola Comercial, para “propender al adelanto y progreso de la agricultura”, siendo electo como su presidente. El 16 de agosto de 1894, los jóvenes que habían fundado el Centro de Recreo lo habían declarado Miembro Honorario de esa sociedad. Pero ya todo estaba perdido. Tendría una contextura cadavérica. Consumido, el 23 de noviembre de 1894 hizo llamar a Sebastián Pichardo para dictar su testamento.

La muerte le sorprendió en 1895, el 9 de enero. Tenía entonces sesenta años de edad. Al momento de dictar su testamento, el mausoleo que Glas había encargado a Italia para recibir sus restos y los de todos los miembros de su familia, no había llegado al país. Había sido encargado al escultor Oreste Bardi a un costo de quince mil francos. Este imponente panteón en el Cementerio Municipal de la 30 de Marzo – cuyo toque humano se lo confiere la estatua yacente de Glas, tallada en Niza, Francia, en el taller de Jules Feberv, para quien posó acostado con una mortaja – es una obra ecléctica, pues en él se combinan lo clásico, lo románico, lo gótico y el art nouveau.

Texto: enciclopedia dominicana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s