ANACAONA…la Flor de Oro

anacaonaNació en la Isla La Española.

En la lengua de los taínos su nombre significaba Flor de Oro. Era hermana del cacique Bohechío y fue la esposa del cacique Caonabo, con quien tuvo a Higüemota.

Se distinguió por su belleza, inteligencia y talento para las poesías, memorizándolas para recitarlas en los areíto ante los otros aborígenes.

Cuando su hermano Bohechío murió, Anacaona gobernó el Cacicazgo de Jaragua en su lugar.

A la llegada a la isla de la expedición de Cristóbal Colón, en diciembre de 1492, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración por los españoles, porque veía en aquellos hombres conocimientos diferentes a los de su comunidad. Pero los abusos que cometieron algunos de quienes quedaron en el Fuerte Navidad contra las mujeres hicieron que dejara de admirarles y les viera como una amenaza a combatir. Convenció entonces a Caonabo para que les exterminase. A su regreso, el 28 de noviembre de 1493, Colón encontró el fuerte destruido y sus 39 moradores asesinados.

Años después, el gobernador de la isla Nicolás de Ovando recibió la noticia de que Anacaona estaba tramando un plan contra los españoles. Entonces Ovando mandó decir a Anacaona que iba hacia Jaragua para una visita amistosa.

El gobernador llegó con más de trescientos cincuenta hombres y fue recibido con fiestas y bailes en un caney. Cuando todos estaban reunidos en la fiesta, los españoles prendieron fuego al caney.

En el momento del ataque algunos aborígenes lograron sacar a Anacaona del lugar. Entre los sobrevivientes que escaparon estaban su hija Higüemota; su sobrino Guarocuya, quien fue entregado a Fray Bartolomé de las Casas, quien lo cristianizó con el nombre de Enriquillo; Mencía, nieta de Anacaona y el líder tribal Hatuey, quien posteriormente escapó a Cuba y allí organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla y muerto por orden de Diego Velázquez de Cuéllar.

Ovando ordenó una intensa búsqueda hasta lograr capturar a Anacaona, condenándola públicamente a la horca en 1503.

Texto: Pedro Luciano Vergés Vidal

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Batalla de Las Carreras, 21 de abril de 1849

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En el año de 1848, cuando Francia reconoció la independencia dominicana mediante la firma de un Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación, los haitianos, con Faustino Souluque a la cabeza, creían que los franceses al reconocer a los dominicanos tenían la intención de instalar una base naval en Samaná, lo que motivó otra invasión de la parte este de la isla por parte de los haitianos.

Atravesando la línea de las dos nacionalidades, el presidente Souluque invadió el territorio de la República el 5 de marzo de 1849, al mando de un ejército numeroso de 18,000 soldados bien armados, iniciando su avance para reconquistar la naciente nación dominicana. Ante este hecho el presidente dominicano Manuel Jiménez, quien comandaba sus tropas desde el cuartel general de Sabana Buey, en Baní, llamó a la movilización general.

Pero a pesar de la táctica de guerra de guerrillas y el hostigamiento en los caminos del sur, el valor y capacidad combativa de gladiadores como el general Antonio Duvergé Duval, la superioridad numérica, el equipamiento y la traición de oficiales dominicanos como Valentín Alcántara, que cobardemente hicieron pírrica resistencia a los haitianos, fomentando la insubordinación y la indisciplina, provocaron que fuéramos derrotados en los campos de Azua, y no obstante la resistencia en El Cajuil y las Matas de Farfán, el Corozo y Tábara Arriba, el 6 de abril de 1849, un Viernes Santo, Azua fue tomada por las tropas haitianas.

Ante el panorama descrito precedentemente, el presidente Manuel Jiménez, con sus generales desbordados por la indecisión e incapacidad de contener militarmente el avance de las huestes haitianas, emitió un decreto el 2 de abril de 1849, instruyendo al general Pedro Santana, quien se encontraba retirado en su hato en El Seibo para que se hiciera cargo del entonces desmoralizado ejército dominicano, quien al tomar el mando ordenó apresar al militar traidor Valentín Alcántara y lo envió a Santo Domingo a bordo de la fragata Cibao.

Una vez recuperada la autoridad y la moral perdidas, Santana designó a oficiales con reconocido don de mando en posiciones claves, como es el caso del general Antonio Duvergé, a quien encargó del puesto del Alto del Número, asistido del coronel Francisco Domínguez.

A la flotilla naval, que estaba al mando del almirante Cambiasso, con la fragata Cibao como buque insignia, además de las goletas General Santana, 27 de Febrero, y Constitución, se le ordenó cubrir la costa sur, desde Playa Grande a Palmar de Ocoa, con la misión de obligar al ejército haitiano a que abandonara el camino de la costa, y se viera precisado a desviarse por montañosas e inhóspitas rutas hasta el teatro de operaciones de El Número, forzándolos a que bajaran al río Ocoa. En efecto, la presencia de la flotilla naval en el litoral sur obligó a que el enemigo se desviara de la zona costera, retardándose y agotándose, enfilando directo a la emboscada que le tenían preparada los centuriones dominicanos Duvergé y Domínguez.

La estrategia de Santana fue exitosa, pues el ejército haitiano fue desgastado y derrotado por las tropas al mando del general Duvergé en El Número.

El 18 de abril el resto del ejército haitiano se dirigió al cantón de Las Carreras, y tan pronto el general Santana se enteró de la arribada de la tropa enemiga al punto acordado, se dirigió al teatro de operaciones a organizar el ataque en los llanos ribereños del río Ocoa, dividiendo las tropas dominicanas en cuatro regimientos. Se preparaba para una lucha desigual, pues debía enfrentar a 15,000 soldados haitianos, bien entrenados y equipados con caballería, gendarmería, lanceros, metrallas y cañones, contando apenas con 800 bravos soldados dominicanos.

Siendo aproximadamente las cuatro de la tarde del 21 de abril del año 1849, los haitianos empezaron a cañonear las posiciones dominicanas con una pieza de artillería emplazada en un cerro, apoyando con su fuego sistemático el avance de sus tropas de infantería y caballería que intentaban forzar el paso en el río Ocoa, produciéndose allí un cerrado tiroteo que no permitió al enemigo alcanzar la orilla opuesta, lo que fue aprovechado por el mando militar criollo para contraatacar, mediante un asalto de arma blanca y una carga de la caballería que comandaba el coronel Ferrer. El general Santana ordenó a su escolta atacar haciéndose cargo de esa operación.

Los haitianos abandonaron en precipitada fuga el campo de batalla, quedando los regimientos enemigos 2 y 30, devastados casi por completo.

En esta batalla los invasores perdieron a tres generales, además de que sufrieron grandes bajas entre sus oficiales. Frente a tal desastre, el remanente del ejército haitiano se retiró buscando refugio en las alturas, ya que la oscuridad de la noche impidió que los dominicanos explotaran el éxito. Después de esta importante derrota inicial infringida a los haitianos, el general Santana, previendo un contraataque que permitiera al enemigo, con una fuerza militar muy superior, penetrar con una potente embestida nuestras frágiles defensas, ideó otra estrategia ordenando al coronel Domínguez alejarse con cien hombres hacia la línea enemiga cruzando el río Ocoa, para luego al sonido del toque de retirada haitiana de cornetas y tambores, regresar, atacando por el flanco izquierdo enemigo de norte a sur, haciendo parecer que a las tropas nuestras les habían llegado refuerzos, sembrando el pánico y la duda en la retaguardia del ejército haitiano, precisamente en momentos en que, en otra zona del teatro de guerra, tropas haitianas penetraban nuestras defensas cruzando el río. Dichas columnas retrocedieron por orden superior siendo aniquiladas por nuestro ejército, al machete, cuando confundidas y llenas de pánico retrocedían en desbandada camino a sus posiciones anteriores de combate.

Con estas acciones, la moral y fortaleza combativa fue recuperada por nuestras tropas, ya empuñando la espada de Aquiles, tomando la ofensiva y atacando por las alas derecha, izquierda y el centro.

El 23 de abril el invasor emprendía la retirada por la costa al compás del bombardeo de nuestra artillería naval de 30 cañones, desde Playa Grande a Caracoles, las derrotadas tropas haitianas, no sin antes incendiar a su paso los poblados de Azua y San Juan de la Maguana.

Es así como después de haberse abonado las ubérrimas tierras dominicanas con sudor y sangre, el 6 de mayo de 1849 volvió a desplegarse en nuestros pueblos fronterizos del sur, nuestra Enseña Tricolor.

SANTANA COMO ESPADA LIBERTADORA

Con este triunfo el general Pedro Santana se había consagrado como nuestra espada libertadora más destacada, estratega vencedor de la Batalla de Las Carreras, y muro de contención de otro intento de invasión haitiana, pero manchó la estela de gloria que le adornaba, descendiendo al averno más oscuro y profundo, cuando en adición a su traidor proceder anexionista, desterró al Padre de la Patria Juan Pablo Duarte y a toda su familia, ordenando el fusilamiento de próceres como María Trinidad Sánchez, su hermano Andrés, Francisco del Rosario Sánchez, Antonio Duvergé, los hermanos Puello, José Contreras y Cayetano Germosén.

Al conmemorarse este año el 173 Aniversario de nuestra Independencia, levantemos a lo alto nuestro orgullo dominicanista con el gallardete de la dignidad y el honor, sustentado en el legado de nuestros patriotas, generando con nuestro diario desempeño (personal y profesional), buenos ejemplos – comenzando por el respeto a la Constitución y a las leyes-, que incentiven a la superación con el estudio y el trabajo honrado, reforzados por una eficiente educación integral, para que tengamos la Patria segura y progresista por la que Duarte y todos estos ilustres prohombres soñaron y lucharon.

Texto: diariodominicano.com

Jose Manuel Glas

Jose Manuel Glas.jpgFue un singular personaje del siglo XIX.

Comerciante, diplomático, político y filántropo, José Manuel Glas es una de las figuras más atrayentes del Santiago de la segunda mitad del siglo XIX.

Nació el 9 de abril de 1834 en la villa de Cotuí, siendo hijo de José Glas Adames, un sacerdote que luego ahorcaría los hábitos y de la mulata María Lucas, apodada Mariquita.

A pesar de que llevaba el apellido de su padre, Glas siempre se presentó como hijo natural. Creció en San Francisco de Macorís, donde fue bautizado por un haitiano, jefe de escuadrón en esa ciudad, de apellido Ambot y la señora María Luisa Alejandrino.

El general Gregorio Luperón resaltaba de él su carácter afable, su fisonomía risueña, su mirada seductora, la fineza de su trato y su introspección. El norteamericano Randolph Keim lo recordaba como un hombre de pequeña anatomía y formal en exceso. Sus gustos aristocráticos llegaron al extremo de marcar sus trajes, camisas, medias, pañuelos y otras prendas de vestir con una letra “G”, identificatoria de su apellido.

En 1861, decidió abandonar San Francisco de Macorís y mudarse a Santiago, que era una ciudad con mayores expectativas de progreso; como recordaba Luperón, “sus cálculos eran más poderosos que su razón”. Glas compró un solar en la acera sur de la calle de la Cuesta Blanca (hoy Duarte), entre el callejón del ex-Convento (hoy General Cabrera) y la calle Del Sol. Allí levantó unos almacenes, que el incendio del 6 de septiembre de 1863, en la guerra de la Restauración, destruyó. Después del incendio, Glas fue uno de los primeros en restablecer su comercio. Sobre las ruinas de sus almacenes construyó un nuevo inmueble de dos plantas que respondía a tres propósitos: un lugar para la venta de mercancías, un almacén y una vivienda.

Glas se había integrado tempranamente al movimiento restaurador. Aunque se contó entre los que salió a recibir a los primeros soldados de los batallones de la corona española en Palmar, el 22 de abril de 1861 y que ya en la ciudad se esmeró en obsequiarlos, luego decidió apoyar a los dominicanos. Estuvo implicado en el movimiento del 24 de febrero de 1863 en contra de la Anexión y ese mismo año fue “comunicado” masón junto a varias personalidades por el delegado de la Gran Logia Nacional, Antonio Delfín Madrigal hijo. También formó parte de la Comisión de Hacienda del Gobierno Provisional Restaurador.

En 1867 fue regidor del Ayuntamiento y en 1869 era Venerable Maestro de la logia de masones Nuevo Mundo No.5. El 10 de junio de 1870, Glas casó con Gumercinda Malagón, hija de Ambrosio Malagón y Saturnina Pérez, viuda de Victoriano Pérez y con quien había procreado una hija, Clementina. Para Glas, fue de su eterna consideración y afecto, al punto que la envió a estudiar a Alemania, empeñado en darle una buena educación. En poco tiempo, la casa comercial de Glas llegó a ser la más grande de Santiago y una de las más fuertes del Cibao. Tenía las cosas más indispensables y sus clientes venían de todas partes. Sus capitales y su nombre aumentaron. Su esposa sería testigo del crecimiento de su fortuna como exportador de tabaco y campeche, destilador de alcoholes, prestamista, contratista de obras públicas y propietario de numerosos inmuebles en el Cibao.

En 1874, ocupando el Ministerio de Hacienda, fue comisionado por el gobierno de Ignacio María González para negociar un empréstito de tres millones de pesos en Europa. En 1875 fue miembro de la Junta de Fábrica de la Iglesia Mayor, instalada el 1 de abril de 1875 y empresario de la reconstrucción de la casa de gobierno en Santiago. Ese mismo año salió nuevamente con destino a Europa, esta vez específicamente a París, en representación del gobierno de González, para celebrar un contrato con el señor Mardochée Lambert, negociante armador de esa ciudad, para la explotación de los guanos, guanitos y fosfato de cal de la isla de Alta-Vela.

Talento y fortuna no le faltaban, como apuntaba Luperón. En 1874, después de su renuncia como Ministro de Hacienda, obtuvo del Poder Ejecutivo dos concesiones, una para acometer la empresa de canalizar el río Yaque, desde Santiago hasta la desembocadura del río en [Montecristi]] y otra para la apertura de un camino de Santiago a Puerto Plata. En 1876 en su finca en Punta de Mangle, Samaná, comenzó a fomentar cacao y en Estero Balsa, la compra de campeche, mientras que en 1877, estableció una finca de 1,200 tareas en Cabeza de Toro, en la banda sur de la península de Samaná, a la que bautizó con el nombre de Gumercinda y en la que sembró caña de azúcar yerba de guinea.

En 1881, decidió invertir dinero ganado en sus actividades comerciales en el financiamiento de una obra de infraestructura de importancia para la ciudad: un puente sobre el arroyo de Nibaje. Ya antes había prestado su concurso económico para la construcción y arrendamiento del mercado de Santo Domingo en 1878 y el de Santiago en 1879. Incondicional del presidente Ulises Heureaux, en 1882, le adjudicó la construcción de la torre del reloj en la Fortaleza San Luis y del Palacio de Gobernación en 1884.

En 1888 presidió la Junta de Fábrica creada por Monseñor Fernando Arturo de Meriño para la continuación de los trabajos de la Iglesia Mayor, paralizados en 1884 y reiniciados entonces. En 1889, integró el Comité Propagador del proyecto del Ferrocarril Central Dominicano y fue uno de los expositores dominicanos en la Exposición Universal de París, contándose entre los primeros representantes de nuestro país en una exposición en el extranjero. En 1890, fue junto a su yerno Enrique Pou, cofundador de la sociedad “Amigos del Adelanto”, creada por el Pbro. Angel Rusterucci, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Altagracia, para impulsar la construcción del parque Colón. En 1891 se unió a Manuel de Jesús Galván y al munícipe mocano Carlos María de Rojas en la “Carlos M. de Rojas y Ca.” para fundar la “Compañía del ferrocarril mediterráneo del Cibao”, en el interés de establecer un ferrocaril que comunicara las provincias de Santiago, La Vega y Espaillat, con una vía lateral hasta San Francisco de Macorís.

En ese mismo año decidió donar gustosamente al hospital “San Rafael”, recién fundado por la sociedad “La Caridad” el usufructo, por tiempo indefinido, de la barca que había mandado construir para el cruce del río Yaque en el paso de Los Borbones. En 1892, fue miembro de la subcomisión regional creada con motivo de la celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América.

Glas ya se encontraba enfermo de tuberculosis en octubre de 1891. Sintiendo con seguridad que perdía sus fuerzas, en ese mismo mes puso en venta varias de sus propiedades, entre ellas siete estancias abandonadas en Samaná. A propósito de su quebranto, hizo construir en San José de las Matas una casa en madera de caoba y otras especies preciosas, en la que buscó recuperar su salud, entre aquellas serranías de clima seco pero fresco. Después de una estadía de más de tres meses, entre octubre de 1891 y febrero de 1892, en junio de ese año viajó a Hamburgo, Alemania, en compañía de su esposa, la señora Claudina Moya y el Dr. Pedro Pablo Dobal En Berlín se entrevistó con el famoso Dr. Robert Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis. En agradecimiento a sus servicios, Glas obsequió al Dr. Dobal un bastón de marfil.

En 1893, temiendo cercana tal vez la muerte, puso en venta una estancia en Monte Abajo, Moca. El 24 de noviembre de ese año, se instaló a instancias suyas una Sociedad Agrícola Comercial, para “propender al adelanto y progreso de la agricultura”, siendo electo como su presidente. El 16 de agosto de 1894, los jóvenes que habían fundado el Centro de Recreo lo habían declarado Miembro Honorario de esa sociedad. Pero ya todo estaba perdido. Tendría una contextura cadavérica. Consumido, el 23 de noviembre de 1894 hizo llamar a Sebastián Pichardo para dictar su testamento.

La muerte le sorprendió en 1895, el 9 de enero. Tenía entonces sesenta años de edad. Al momento de dictar su testamento, el mausoleo que Glas había encargado a Italia para recibir sus restos y los de todos los miembros de su familia, no había llegado al país. Había sido encargado al escultor Oreste Bardi a un costo de quince mil francos. Este imponente panteón en el Cementerio Municipal de la 30 de Marzo – cuyo toque humano se lo confiere la estatua yacente de Glas, tallada en Niza, Francia, en el taller de Jules Feberv, para quien posó acostado con una mortaja – es una obra ecléctica, pues en él se combinan lo clásico, lo románico, lo gótico y el art nouveau.

Texto: enciclopedia dominicana

¿A qué carajo va el Presidente?

batalla30marzosantiago¿A qué carajo va el Presidente de la Republica a Santiago, los días 30 de marzo de cada año a realizar un desfile militar y a honrar, supuestamente, a los héroes y mártires de la batalla celebrada en 1844? Lo acompaña una nutrida representación de altos funcionarios, legisladores, militares de dorados entorchados, pero el país está lleno de haitianos, de los mismos a quienes hubimos de combatir cuando se retiraban ahítos de sangre, asesinatos y robos. Volvieron una y otra vez, a hostigarnos, a intentar destruir nuestra soberanía.
Mi buena madre me decía siempre, me predicaba constantemente entre otras cosas, que nunca cayera en el ridículo, que, si tenía la poca fortuna de una caída calamitosa, de las que mueven a risas, me levantara, me sacudiera los fondillos y dijera, “no fue nada”, aunque me doliera.
Aquí hay que llamar la atención a sucedidos y acontecimientos hoy, hace tiempo que perdimos el norte, parece que na e na, que to ta bien, especialmente ahora que Puerto Plata y sus cruces son anegados por aguaceros que no paran y el Gobierno tarda, o no hace nada, para reparar caminos, puentes, carreteras.
Mientras, el Presidente de la República anda con su funda inagotable de Rey Mago repartiendo millones de una cuenta que no se agota, en sus muy bien organizadas “visitas sorpresa”, pero los estudiantes de la tanda extendida son amenazados con la suspensión del almuerzo.
Es bueno preguntar, a la espera de que la respuesta no se limite a lo que dice la Constitución sino a su cumplimiento, ¿cuál es el papel de las Fuerzas Armadas? La Constitución de la República dice que la misión y carácter de los institutos armados es defender la independencia y soberanía de la nación, la integridad de sus espacios geográficos, intervenir cuando lo disponga el Presidente de la república en programas de desarrollo social y económico mitigar situaciones de desastres y calamidad pública, concurrir en auxilio de la Policía para mantener o restablece el orden.
La responsabilidad es pues, toda, del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, quien tiene la primera obligación en lo que se refiere a la guarda y defensa de la soberanía a través de subalternos militares y policías que, en demasiados casos, traicionan la confianza que se deposita en ellos y ceden ante un simple plato de lentejas. Eso lo saben todos los Presidentes de la República, no es nada nuevo, no le quiero cargar el dado al Presidente Medina.
Pero él sí tiene en sus manos terminar con esa práctica ridícula, falsa y dispendiosa de conmemorar las grandes batallas de la Independencia mientras el país está lleno de haitianos ilegales que se burlan hasta de la Bandera Nacional.
Presidente ¡manos a la obra!

Publicado el: 1 abril, 2017

Por: Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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LA BATALLA DEL 30 DE MARZO , UNA VICTORIA QUE CONJURO LA AMENAZA HAITIANA./ 1844

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Santo Domingo.-La Batalla del 30 de marzo fue la más importante de la guerra Independencia Dominicana en 1844.
Fue la segunda cruzada entre dominicanos y haitianos y se desarrolló en la ciudad de Santiago. El enfrentamiento duró dos horas.
A juicio del historiador y militar José Miguel Soto Jiménez, esta fue una de las batallas más importante realizadas en el país.
“En la educación formal se ha enseñado que la Independencia es el trabucazo de Mella, desconociendo la gente que esto fue un proceso que duró más de 13 años de guerra”, explicó Soto Jiménez.
Sin embargo, destacó, la del 30 de marzo es una de las dos batallas cruciales de las primera campaña de la Guerra de la Independencia, “estamos hablando de los meses marzo, abril, mayo, junio y julio del 1844”.
Soto Jiménez calcula que esta fue la acción más significativa dentro de la primera campaña, pues contribuyó a conjurar la amenaza haitiana por el lado Norte, cuyo objetivo era Santiago, y por el Sur era Azua.
“Esa batalla conjuró la amenaza y representó la victoria dominicana, frustrando el dispositivo estratégico haitiano de 30 mil hombre que nos invadieron en esa primera campaña a partir del diez de marzo del 1844. Las dos batalla principales fueron: la de Azua el 19 marzo y la de Santiago30 de marzo del 1844”.
Ambas batallas con dos teatro de guerra diferentes; una para conjugar la columna de 10 mil hombres dirigida por el Jean Louis Pierrot, que venía por el lado Norte y la otra de 20 mil hombres que venían por el lado Sur comandada por el presidente haitiano, esta fue una batalla fundamental para el país.
Héroes del 30 de marzo
José María Imbert, Ramón Matías Mella, Ciprián Mallol, Juan Luis y Ramón Franco Bidó
Los Trinitarios
Los trinitarios juagaron un papel fundamentales en la creación, ejecución en la revolución independentista del 1844 que inició en enero con el Manifiesto del 16 de enero.
Ellos fueron un movimiento clandestino revolucionarios. Matías Ramón Mella fue el encargado de colectar los hombres que iban alimentar la defensa de Santiago.
“Mella fue un trinitario fundamental y con él todos los hombre que lucharon”, resaltó Soto Jiménez
¿Se tiñó de rojo el río Yaque del Norte?
El historiador constata que el pueblo dominicano por cultura es amante de la poesía, ya que la creencia de que el río se tiñó de rojo es una hipérbole, lo cierto es que esta batalla 30 de marzo fue sangrienta, pero no se derramó tanta sangre como para teñir de rojo las aguas del entonces caudaloso afluente.
Fuente : Tomado de Periódico El Día.
Artículo de la autoría de Katherine Reyes / katherinereyes063@gmail.com
Imágenes de Nuestra Historia

Evalúan rescatar La Isabela, primera ciudad fundada por los conquistadores en las Américas

isabelaEn lo que se conoce hoy como La Isabela, convertido en un municipio de Puerto Plata, se instalaron las primeras instituciones españolas en el Nuevo Mundo y fue lugar de origen del proceso de transculturización y mestizaje de América.

Santo Domingo, República Dominicana (EFE).- Autoridades culturales, medioambientales y del sector turístico de República Dominicana evalúan un proyecto para rescatar el parque arqueológico La Isabela, en la provincia de Puerto Plata (norte), primera ciudad fundada en el Nuevo Mundo, y convertirlo en un atractivo turístico.

El Ministerio de Cultura informó este lunes que el titular de esa cartera, Pedro Vergés, encabezó una reunión con representantes de la comisión interinstitucional que promueve el rescate de ese parque, donde se encuentra el castillo en el que se instaló el almirante Cristóbal Colón a su llegada a estas tierras, y quien la bautizo como La Isabela en honor a la reina Isabel La Católica.

En lo que se conoce hoy como La Isabela, convertido en un municipio de Puerto Plata, se instalaron las primeras instituciones españolas en el Nuevo Mundo y fue lugar de origen del proceso de transculturización y mestizaje de América.

También se fundó el primer cabildo de América y se construyó el primer puerto americano.

En la reunión encabezada por el ministro Vergés se analizaron los pasos a seguir para el rescate de ese sitio histórico.

En el encuentro participaron los miembros de la comisión interinstitucional: Francisco Domínguez Brito, ministro de Medio Ambiente; José Ignacio Paliza, senador por Puerto Plata, y José Natalio Redondo, presidente de la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes (Asonahores) para la región norte, entre otros.

En la reunión se conocieron los detalles del decreto presidencial que sirve de marco institucional y jurídico para el desarrollo del plan de rescate de uno de los monumentos patrimoniales dominicanos de mayor valor histórico, de acuerdo con Cultura.

Este fue el segundo encuentro del ministro de Cultura con la referida comisión, después de uno realizado en enero en el que se discutieron algunas de las partes que contempla el plan, entre ellas, la rehabilitación y puesta en valor del parque, la gestión del sitio arqueológico, su manejo administrativo y la implicación de la comunidad hacia el desarrollo sostenible.

El ministro de Cultura consideró prioritario nombrar una comisión operativa que se ocupe de la gestión de inversionistas interesados en desarrollar el parque, acogiendo los lineamientos trazados por el Ministerio de Medio Ambiente para el desarrollo sostenible del proyecto.

“Es fundamental contar con un plan de mantenimiento del parque, de manera que se garantice su sostenibilidad”, dijo. EFE

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Origen del lema DIOS, PATRIA Y LIBERTAD

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En ningún historiador dominicano había encontrado una explicación del lema nacional, Dios, Patria y libertad. Tampoco ninguno se ha centrado en el contenido del Juramento de los Trinitarios. Ambos, el lema y el juramento, han sido examinados en el mensaje “Grito de Libertad” en la gran concentración de la Batalla de la Fe del 1 de enero del 2016.

Durante la ocupación de 1822, los haitianos prohibieron todas las fiestas religiosas; despojaron a la Iglesia de todos sus bienes: palacios, iglesias, conventos y abadías; prohibieron la lengua española en todos actos públicos y trámites de Estado; repartieron las tierras de Santo Domingo entre los oficiales de su Ejército de cincuenta mil hombres; anularon los títulos de propiedad; convirtieron muchos de los templos e iglesias del país en arsenales y almacenes de víveres; cerraron la Universidad más antigua del continente, como ya habían hecho con todos los liceos en Haití. E, implantaron en ambos pueblos de la isla, una dictadura oscurantista, con los poderes de un monarca despótico. Tras la independencia de los franceses en 1804, el régimen haitiano había adoptado un modelo de sociedad contrario al que asumieron los revolucionarios franceses. Inventaron la primera monarquía absoluta del continente americano, que luego se alternó con el llamado régimen de los presidentes vitalicios, que, a decir verdad, ha sido la única invención típicamente haitiana. Esa dictadura bárbara sólo pudo ser derrocada por la insurrección de su propio pueblo y con el estratégico apoyo que le diera el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, para derrumbar ese poder rotundamente nefasto.

Toda la plataforma jurídica de la dominación haitiana aparece radicalmente expuesta en Recueil général des lois et actes du Gouvernement d´Haiti (1880) de Jean Baptiste Listant de Pradines. Al penetrar en el manojo de disposiciones del Gobierno haitiano durante los años de su predominio, se vuelve evidencia el propósito sustentado por el dictador Jean Pierre Boyer:

La destrucción de las instituciones religiosas;
La eliminación de la enseñanza, de la lengua y la cultura de los dominicanos: tradiciones, calendario religioso, transmisión de las doctrinas ; todo quedó pulverizado;
La suplantación de la población dominicana, el decreto de Boyer sobre Plan de J. Granville, permitiría traer libertos estadounidense, a los cuales se les pagada el pasaje y la implantación, al mismo tiempo, que se fomentaba la emigración de familias blancas dominicanas.
En resumidas cuentas: se anulaba la enseñanza y la institución religiosa, dejando proliferar a sus anchas las supersticiones del vudú; se suplantaba a la patria, mediante el predominio de la población extranjera y se proscribía cualquier posibilidad de independencia del grupo dominicano, porque, además, no teníamos libertad. Era, en rigor, un régimen sin Dios, sin patria y sin libertad.

Para una parte de los historiadores, que son los responsables de fraguarles un pasado a los niños dominicanos, todas esas eran medidas progresistas ( Véase El Nacional CPEP, 7/10/15 “ Educación descuida enseñar historia” ). Estos consideran que la República Dominicana penetra en la modernidad política en la medida que ahonda en la separación de la Iglesia y del Estado. De esos credos anticlericales se hallan plagados los manuales, igual actitud se asume contra la hispanidad. Ese enfoque los llevó a unas conclusiones positivas de la dominación haitiana, omitiendo incluso la declaración del Manifiesto del 16 de enero de 1844, memorial de agravios de esa dominación oprobiosa. Han idealizado la dominación haitiana..

En los mentideros, en las tertulias privadas, se mantuvo vivo el ideario nacional: los dominicanos seguían bautizando a sus hijos, rezándole a su Dios y moldeando su vida, con arreglo a tradiciones que habían llegado hacía más de trescientos años. No habían logrado hacer desaparecer la voluntad de ser nación. Para saber quiénes éramos en aquel momento de incertidumbres y de nieblas, Juan Pablo Duarte, hizo entrar en el ruedo de las consideraciones la perspectiva cristiana, que era, una forma del ver el mundo que nos une con el resto de los países de Hispanoamérica. Si los haitianos hubieran logrado desarraigar esa realidad y la lengua en que se expresaba el pueblo, hubieran quedado aniquiladas las fuerzas interiores que impulsaban a la Independencia. Nosotros hemos ido a la Independencia para defender nuestra identidad amenazada, para preservar fundamentalmente lo que somos.

Es muy difícil imaginarse esa etapa sombría de la vida del pueblo dominicano. El Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, pudo educarse gracias a unas cuantas figuras excepcionales como su maestro Manuel Aybar, el presbítero Gaspar Hernández y muy particularmente, don Francisco Vicente Moscoso, que sabía tantas cosas, que se le apodaba el Sócrates dominicano. En las casas curiales, en las penumbras y a escondidas del régimen, se formaban los patriotas. Eramos una sociedad, penetrada de las más extravagantes supersticiones, naufragada en la impotencia y corroída por el pesimismo.

En una situación de desinformación total de la población, despotismo irracional, menosprecio absoluto de las enseñanzas religiosas, y proscripción de todas las tradiciones, importación de poblaciones—esclavos libertos de Estados Unidos– para suplantarnos y borrarnos definitivamente y dominio militar de toda la vida nacional, pensar por cuenta propia e imaginar que podía libertarnos de una catástrofe peor que las siete plagas de Egipto, era, en rigor, una hazaña. Y esa fue obra de un visionario. Del hombre que organizó las Juntas Populares, el movimiento que encarnaría la independencia y que representaría el ideario de libertad.

Con el lema Dios, Patria y Libertad, Duarte definió el carácter de una nación que ya existía plenamente, y definió, además, la identidad religiosa del Estado que debería nacer sobre las cenizas de la dominación haitiana. El régimen haitiano no logró imponer su religiosidad ni su lengua ni su forma de Gobierno ni sus leyes. El pueblo dominicano no se hallaba condenado a la sumisión. El proyecto de los dominicanos era reconstruir la vida. Inmediatamente se produjo la Independencia volvieron a renacer la escuela, la Universidad, las Iglesias, las instituciones y las viejas tradiciones. El proyecto de Independencia dominicano no fue una vuelta a la monarquía ni a las crudas formas del absolutismo haitiano, sino la de un gobierno democrático, electivo, representativo y popular.

La vigencia del lema trinitario

Al concebir la bandera, en el Juramento de los Trinitarios, Duarte injerta la cruz blanca a la enseña haitiana, centra el carácter del nuevo Estado, con una visión netamente cultural, de oposición religiosa. En todo el pensamiento duartiano campa por sus respetos la figura de Dios. Interpretación que será plasmada en el escudo, donde se hallan la cruz y la Biblia, abierta en Juan 8 : 31 y 32: “ y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Por hallarnos en una dualidad territorial y política esa realidad debió ser concebida como un proyecto permanente. La independencia dominicana siempre ha estado amenazada por la expansión demográfica o por los desbordamientos a los que pueden conducir el colapso o la inviabilidad del Estado vecino. Esas circunstancias han colocado en tela de juicio la existencia del lema esencial Dios, Patria y Libertad. Se ha echado al ruedo un proyecto, cuya ambición ha sido anular los resultados históricos de nuestra Independencia de 1844. Es decir, pulverizar el esfuerzo de todas las generaciones pasadas.

Hemos llegado, en realidad, a una circunstancia que le niega el ejercicio a la autodeterminación al pueblo dominicano. Se planea imponer una agenda que pisotea brutalmente los valores cristianos, que anula la soberanía de la patria y cuya implantación suprimiría la libertad del pueblo y todas sus conquistas democráticas. Ningún pueblo puede considerarse libre en un sistema federal. O peor aún: fragmentando su cohesión nacional. La libertad es el derecho al Gobierno propio sin injerencia extranjera. Así define la situación el pastor Ezequiel Molina:

“ Hay un proyecto de desbaratar la nacionalidad dominicana. Hay un proyecto de unir a Haití con República Dominicana. Y, en cada foro internacional que va nuestra representación sale a relucir ese interés. ¿ Por qué? Eso no es político. Eso no es humano. Eso es diabólico.(…) Van a destruir nuestra nacionalidad, pero tendrán que destruir primero a la Iglesia de Jesucristo. Y tengo la impresión de que no se va a poder. Aquí hay un pueblo que honra a Dios, aquí hay un pueblo que habla con Dios, aquí hay un pueblo que ama a Dios. ¡Este es un país cristiano! El vudú no va a poder con nosotros. Candelo no va a poder con nosotros. Belie Belcan no va a poder con nosotros. ¡Estamos cubiertos por la sangre del cordero!”.

En estas especialísimas circunstancias, ¿qué sentido tendría el Juramento de los Trinitarios? Si entra en el teatro de las maniobras sociales un proyecto que echa por tierra a Dios, que disuelve a la patria y que, finalmente, anularía la libertad, ¿ cuál la propuesto del pensamiento duartiano? ¿ qué enseñanza extraer en los hombres que fundaron, con el sacrificios de sus vidas, el Estado dominicano? He aquí las palabras del Juramento Trinitario:

“Juro y prometo por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una República libre y soberana e independiente de toda dominación extranjera que se llamará República Domicana” “

En estos momentos, en que se ha desvanecido la frontera, en el que los desplazamientos demográficos del vecino amenazan nuestra unidad nacional y se hallan bajo amenazas todas nuestras conquistas sociales y nuestra frontera jurídica y la imagen internacional del Estado, la fuerza que mueve al pueblo dominicano es la lucha por su identidad colectiva. Es la lealtad a los hombres que junto Duarte fundaron esta patria mil veces gloriosa.

Texto: Manuel Núñez Asencio

La invasión de Dessalines, el 5 de marzo de 1805

Dessalines

Dessalines

Las tropas militares haitianas dirigidas por Dessalines, quien se hizo Emperador, fueron las que más daño produjo a la parte oriental de la isla en toda su historia. Saquearon y quemaron las poblaciones de Monte Plata, La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, San José de las Matas y Montecristi.

En muchas de esta poblaciones las tropas haitianas se las ingeniaron para engañar, ordenándole acudir a las iglesias, con el falso pretexto de que esta era la manera de poder para garantizarles a todos la vida. Pero cuando parte de la población ya se encontraba en dichos templos, lo que hicieron fue decapitar a más de quinientas personas en aquellos lugares sagrados, entre ellos niños y mujeres indefensos, y al sacerdote fray Pedro Geraldino, quien fue ensartado por las bayonetas haitianas cuando intentó oponerse a la matanza.

Miles de habitantes murieron en estos hechos criminales perpetrados durante las dos primeras invasiones haitianas a la parte este de La Española.

En presencia de Dessalines, las tropas haitianas quemaron vivo al cura José Vásquez, porque el religioso consideró como satánicos lo que hacía el ejército haitiano.

En enero de 1805 los remanentes del ejército francés que
quedaban en la parte este de la isla comandados por el General francés Louis Marie Ferrand entran nuevamente en acción.

Ferrand decretó a sus tropas cazar niños de ambos sexos de raza negra hasta los 14 años de edad para ser vendidos como esclavos. Este hecho provoca la ira de Dessalines quien invade la parte este de la isla y luego de arrasar con algunos poblados como Azua y Moca, sitia la ciudad de Santo Domingo el 5 de marzo de 1805.

El ejército haitiano intentó acabar la resistencia francesa protegida por la muralla de la ciudad. Dessalines no desarrolló un plan para su invasión pues no trajo artillería.

Semanas más tarde, llega a las costas de la ciudad de Santo Domingo, una escuadra de barcos franceses comandada por el Almirante Missiesy. La flota cañonea las posiciones haitianas y parte rumbo al oeste. Dessalines interpreta que puede ser un ataque a su país y se retira rápidamente.

En su gobierno intentó restablecer la economía de las plantaciones mediante un sistema de trabajo forzado. Fue traicionado y asesinado en 1806 por sus colaboradores, Alexandre Pétion y Henri Christophe, quienes tras su muerte, se repartieron el poder de la nueva nación. Su cuerpo fue cortado furiosamente en pedazos por sus asesinos

Este golpe de Estado fue promovido por sectores acomodados, que aunque previamente le habían apoyado, se vieron afectados por la promulgación de una ley de reforma agraria con características revolucionarias

Texto: encaribe

facebook: historiadominicanaengrafica

Tragedia Río Verde

rioverde

Integrantes del equipo fallecido durante la tragedia de Río Verde. Foto fuente externa.

El accidente aéreo ocurrido aquel fatídico 11 de enero de 1948 en Río Verde, Yamasá, fue demasiado impactante como para no rendir homenaje a las víctimas en cada aniversario. Al cumplirse hoy 68 años de la muerte de 33 personas que ocupaban la aeronave, incluyendo el conjunto de béisbol Santiago B. B. C, el acontecimiento vuelve a concitar interés y nostalgia.

El avión, pilotado por el teniente Ramón María Hernando, retornaba de Barahona con destino a Santiago cuando por efecto del mal tiempo se precipitó en Río Verde. Transportaba al conjunto de béisbol de Santiago que enfrentó a las Estrellas del Sur, en Barahona, en doble juego.

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