ANACAONA…la Flor de Oro

anacaonaNació en la Isla La Española.

En la lengua de los taínos su nombre significaba Flor de Oro. Era hermana del cacique Bohechío y fue la esposa del cacique Caonabo, con quien tuvo a Higüemota.

Se distinguió por su belleza, inteligencia y talento para las poesías, memorizándolas para recitarlas en los areíto ante los otros aborígenes.

Cuando su hermano Bohechío murió, Anacaona gobernó el Cacicazgo de Jaragua en su lugar.

A la llegada a la isla de la expedición de Cristóbal Colón, en diciembre de 1492, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración por los españoles, porque veía en aquellos hombres conocimientos diferentes a los de su comunidad. Pero los abusos que cometieron algunos de quienes quedaron en el Fuerte Navidad contra las mujeres hicieron que dejara de admirarles y les viera como una amenaza a combatir. Convenció entonces a Caonabo para que les exterminase. A su regreso, el 28 de noviembre de 1493, Colón encontró el fuerte destruido y sus 39 moradores asesinados.

Años después, el gobernador de la isla Nicolás de Ovando recibió la noticia de que Anacaona estaba tramando un plan contra los españoles. Entonces Ovando mandó decir a Anacaona que iba hacia Jaragua para una visita amistosa.

El gobernador llegó con más de trescientos cincuenta hombres y fue recibido con fiestas y bailes en un caney. Cuando todos estaban reunidos en la fiesta, los españoles prendieron fuego al caney.

En el momento del ataque algunos aborígenes lograron sacar a Anacaona del lugar. Entre los sobrevivientes que escaparon estaban su hija Higüemota; su sobrino Guarocuya, quien fue entregado a Fray Bartolomé de las Casas, quien lo cristianizó con el nombre de Enriquillo; Mencía, nieta de Anacaona y el líder tribal Hatuey, quien posteriormente escapó a Cuba y allí organizó la resistencia, pero fue capturado en batalla y muerto por orden de Diego Velázquez de Cuéllar.

Ovando ordenó una intensa búsqueda hasta lograr capturar a Anacaona, condenándola públicamente a la horca en 1503.

Texto: Pedro Luciano Vergés Vidal

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Batalla de Las Carreras, 21 de abril de 1849

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En el año de 1848, cuando Francia reconoció la independencia dominicana mediante la firma de un Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación, los haitianos, con Faustino Souluque a la cabeza, creían que los franceses al reconocer a los dominicanos tenían la intención de instalar una base naval en Samaná, lo que motivó otra invasión de la parte este de la isla por parte de los haitianos.

Atravesando la línea de las dos nacionalidades, el presidente Souluque invadió el territorio de la República el 5 de marzo de 1849, al mando de un ejército numeroso de 18,000 soldados bien armados, iniciando su avance para reconquistar la naciente nación dominicana. Ante este hecho el presidente dominicano Manuel Jiménez, quien comandaba sus tropas desde el cuartel general de Sabana Buey, en Baní, llamó a la movilización general.

Pero a pesar de la táctica de guerra de guerrillas y el hostigamiento en los caminos del sur, el valor y capacidad combativa de gladiadores como el general Antonio Duvergé Duval, la superioridad numérica, el equipamiento y la traición de oficiales dominicanos como Valentín Alcántara, que cobardemente hicieron pírrica resistencia a los haitianos, fomentando la insubordinación y la indisciplina, provocaron que fuéramos derrotados en los campos de Azua, y no obstante la resistencia en El Cajuil y las Matas de Farfán, el Corozo y Tábara Arriba, el 6 de abril de 1849, un Viernes Santo, Azua fue tomada por las tropas haitianas.

Ante el panorama descrito precedentemente, el presidente Manuel Jiménez, con sus generales desbordados por la indecisión e incapacidad de contener militarmente el avance de las huestes haitianas, emitió un decreto el 2 de abril de 1849, instruyendo al general Pedro Santana, quien se encontraba retirado en su hato en El Seibo para que se hiciera cargo del entonces desmoralizado ejército dominicano, quien al tomar el mando ordenó apresar al militar traidor Valentín Alcántara y lo envió a Santo Domingo a bordo de la fragata Cibao.

Una vez recuperada la autoridad y la moral perdidas, Santana designó a oficiales con reconocido don de mando en posiciones claves, como es el caso del general Antonio Duvergé, a quien encargó del puesto del Alto del Número, asistido del coronel Francisco Domínguez.

A la flotilla naval, que estaba al mando del almirante Cambiasso, con la fragata Cibao como buque insignia, además de las goletas General Santana, 27 de Febrero, y Constitución, se le ordenó cubrir la costa sur, desde Playa Grande a Palmar de Ocoa, con la misión de obligar al ejército haitiano a que abandonara el camino de la costa, y se viera precisado a desviarse por montañosas e inhóspitas rutas hasta el teatro de operaciones de El Número, forzándolos a que bajaran al río Ocoa. En efecto, la presencia de la flotilla naval en el litoral sur obligó a que el enemigo se desviara de la zona costera, retardándose y agotándose, enfilando directo a la emboscada que le tenían preparada los centuriones dominicanos Duvergé y Domínguez.

La estrategia de Santana fue exitosa, pues el ejército haitiano fue desgastado y derrotado por las tropas al mando del general Duvergé en El Número.

El 18 de abril el resto del ejército haitiano se dirigió al cantón de Las Carreras, y tan pronto el general Santana se enteró de la arribada de la tropa enemiga al punto acordado, se dirigió al teatro de operaciones a organizar el ataque en los llanos ribereños del río Ocoa, dividiendo las tropas dominicanas en cuatro regimientos. Se preparaba para una lucha desigual, pues debía enfrentar a 15,000 soldados haitianos, bien entrenados y equipados con caballería, gendarmería, lanceros, metrallas y cañones, contando apenas con 800 bravos soldados dominicanos.

Siendo aproximadamente las cuatro de la tarde del 21 de abril del año 1849, los haitianos empezaron a cañonear las posiciones dominicanas con una pieza de artillería emplazada en un cerro, apoyando con su fuego sistemático el avance de sus tropas de infantería y caballería que intentaban forzar el paso en el río Ocoa, produciéndose allí un cerrado tiroteo que no permitió al enemigo alcanzar la orilla opuesta, lo que fue aprovechado por el mando militar criollo para contraatacar, mediante un asalto de arma blanca y una carga de la caballería que comandaba el coronel Ferrer. El general Santana ordenó a su escolta atacar haciéndose cargo de esa operación.

Los haitianos abandonaron en precipitada fuga el campo de batalla, quedando los regimientos enemigos 2 y 30, devastados casi por completo.

En esta batalla los invasores perdieron a tres generales, además de que sufrieron grandes bajas entre sus oficiales. Frente a tal desastre, el remanente del ejército haitiano se retiró buscando refugio en las alturas, ya que la oscuridad de la noche impidió que los dominicanos explotaran el éxito. Después de esta importante derrota inicial infringida a los haitianos, el general Santana, previendo un contraataque que permitiera al enemigo, con una fuerza militar muy superior, penetrar con una potente embestida nuestras frágiles defensas, ideó otra estrategia ordenando al coronel Domínguez alejarse con cien hombres hacia la línea enemiga cruzando el río Ocoa, para luego al sonido del toque de retirada haitiana de cornetas y tambores, regresar, atacando por el flanco izquierdo enemigo de norte a sur, haciendo parecer que a las tropas nuestras les habían llegado refuerzos, sembrando el pánico y la duda en la retaguardia del ejército haitiano, precisamente en momentos en que, en otra zona del teatro de guerra, tropas haitianas penetraban nuestras defensas cruzando el río. Dichas columnas retrocedieron por orden superior siendo aniquiladas por nuestro ejército, al machete, cuando confundidas y llenas de pánico retrocedían en desbandada camino a sus posiciones anteriores de combate.

Con estas acciones, la moral y fortaleza combativa fue recuperada por nuestras tropas, ya empuñando la espada de Aquiles, tomando la ofensiva y atacando por las alas derecha, izquierda y el centro.

El 23 de abril el invasor emprendía la retirada por la costa al compás del bombardeo de nuestra artillería naval de 30 cañones, desde Playa Grande a Caracoles, las derrotadas tropas haitianas, no sin antes incendiar a su paso los poblados de Azua y San Juan de la Maguana.

Es así como después de haberse abonado las ubérrimas tierras dominicanas con sudor y sangre, el 6 de mayo de 1849 volvió a desplegarse en nuestros pueblos fronterizos del sur, nuestra Enseña Tricolor.

SANTANA COMO ESPADA LIBERTADORA

Con este triunfo el general Pedro Santana se había consagrado como nuestra espada libertadora más destacada, estratega vencedor de la Batalla de Las Carreras, y muro de contención de otro intento de invasión haitiana, pero manchó la estela de gloria que le adornaba, descendiendo al averno más oscuro y profundo, cuando en adición a su traidor proceder anexionista, desterró al Padre de la Patria Juan Pablo Duarte y a toda su familia, ordenando el fusilamiento de próceres como María Trinidad Sánchez, su hermano Andrés, Francisco del Rosario Sánchez, Antonio Duvergé, los hermanos Puello, José Contreras y Cayetano Germosén.

Al conmemorarse este año el 173 Aniversario de nuestra Independencia, levantemos a lo alto nuestro orgullo dominicanista con el gallardete de la dignidad y el honor, sustentado en el legado de nuestros patriotas, generando con nuestro diario desempeño (personal y profesional), buenos ejemplos – comenzando por el respeto a la Constitución y a las leyes-, que incentiven a la superación con el estudio y el trabajo honrado, reforzados por una eficiente educación integral, para que tengamos la Patria segura y progresista por la que Duarte y todos estos ilustres prohombres soñaron y lucharon.

Texto: diariodominicano.com

LA BATALLA DEL 30 DE MARZO , UNA VICTORIA QUE CONJURO LA AMENAZA HAITIANA./ 1844

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Santo Domingo.-La Batalla del 30 de marzo fue la más importante de la guerra Independencia Dominicana en 1844.
Fue la segunda cruzada entre dominicanos y haitianos y se desarrolló en la ciudad de Santiago. El enfrentamiento duró dos horas.
A juicio del historiador y militar José Miguel Soto Jiménez, esta fue una de las batallas más importante realizadas en el país.
“En la educación formal se ha enseñado que la Independencia es el trabucazo de Mella, desconociendo la gente que esto fue un proceso que duró más de 13 años de guerra”, explicó Soto Jiménez.
Sin embargo, destacó, la del 30 de marzo es una de las dos batallas cruciales de las primera campaña de la Guerra de la Independencia, “estamos hablando de los meses marzo, abril, mayo, junio y julio del 1844”.
Soto Jiménez calcula que esta fue la acción más significativa dentro de la primera campaña, pues contribuyó a conjurar la amenaza haitiana por el lado Norte, cuyo objetivo era Santiago, y por el Sur era Azua.
“Esa batalla conjuró la amenaza y representó la victoria dominicana, frustrando el dispositivo estratégico haitiano de 30 mil hombre que nos invadieron en esa primera campaña a partir del diez de marzo del 1844. Las dos batalla principales fueron: la de Azua el 19 marzo y la de Santiago30 de marzo del 1844”.
Ambas batallas con dos teatro de guerra diferentes; una para conjugar la columna de 10 mil hombres dirigida por el Jean Louis Pierrot, que venía por el lado Norte y la otra de 20 mil hombres que venían por el lado Sur comandada por el presidente haitiano, esta fue una batalla fundamental para el país.
Héroes del 30 de marzo
José María Imbert, Ramón Matías Mella, Ciprián Mallol, Juan Luis y Ramón Franco Bidó
Los Trinitarios
Los trinitarios juagaron un papel fundamentales en la creación, ejecución en la revolución independentista del 1844 que inició en enero con el Manifiesto del 16 de enero.
Ellos fueron un movimiento clandestino revolucionarios. Matías Ramón Mella fue el encargado de colectar los hombres que iban alimentar la defensa de Santiago.
“Mella fue un trinitario fundamental y con él todos los hombre que lucharon”, resaltó Soto Jiménez
¿Se tiñó de rojo el río Yaque del Norte?
El historiador constata que el pueblo dominicano por cultura es amante de la poesía, ya que la creencia de que el río se tiñó de rojo es una hipérbole, lo cierto es que esta batalla 30 de marzo fue sangrienta, pero no se derramó tanta sangre como para teñir de rojo las aguas del entonces caudaloso afluente.
Fuente : Tomado de Periódico El Día.
Artículo de la autoría de Katherine Reyes / katherinereyes063@gmail.com
Imágenes de Nuestra Historia

Origen del lema DIOS, PATRIA Y LIBERTAD

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En ningún historiador dominicano había encontrado una explicación del lema nacional, Dios, Patria y libertad. Tampoco ninguno se ha centrado en el contenido del Juramento de los Trinitarios. Ambos, el lema y el juramento, han sido examinados en el mensaje “Grito de Libertad” en la gran concentración de la Batalla de la Fe del 1 de enero del 2016.

Durante la ocupación de 1822, los haitianos prohibieron todas las fiestas religiosas; despojaron a la Iglesia de todos sus bienes: palacios, iglesias, conventos y abadías; prohibieron la lengua española en todos actos públicos y trámites de Estado; repartieron las tierras de Santo Domingo entre los oficiales de su Ejército de cincuenta mil hombres; anularon los títulos de propiedad; convirtieron muchos de los templos e iglesias del país en arsenales y almacenes de víveres; cerraron la Universidad más antigua del continente, como ya habían hecho con todos los liceos en Haití. E, implantaron en ambos pueblos de la isla, una dictadura oscurantista, con los poderes de un monarca despótico. Tras la independencia de los franceses en 1804, el régimen haitiano había adoptado un modelo de sociedad contrario al que asumieron los revolucionarios franceses. Inventaron la primera monarquía absoluta del continente americano, que luego se alternó con el llamado régimen de los presidentes vitalicios, que, a decir verdad, ha sido la única invención típicamente haitiana. Esa dictadura bárbara sólo pudo ser derrocada por la insurrección de su propio pueblo y con el estratégico apoyo que le diera el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, para derrumbar ese poder rotundamente nefasto.

Toda la plataforma jurídica de la dominación haitiana aparece radicalmente expuesta en Recueil général des lois et actes du Gouvernement d´Haiti (1880) de Jean Baptiste Listant de Pradines. Al penetrar en el manojo de disposiciones del Gobierno haitiano durante los años de su predominio, se vuelve evidencia el propósito sustentado por el dictador Jean Pierre Boyer:

La destrucción de las instituciones religiosas;
La eliminación de la enseñanza, de la lengua y la cultura de los dominicanos: tradiciones, calendario religioso, transmisión de las doctrinas ; todo quedó pulverizado;
La suplantación de la población dominicana, el decreto de Boyer sobre Plan de J. Granville, permitiría traer libertos estadounidense, a los cuales se les pagada el pasaje y la implantación, al mismo tiempo, que se fomentaba la emigración de familias blancas dominicanas.
En resumidas cuentas: se anulaba la enseñanza y la institución religiosa, dejando proliferar a sus anchas las supersticiones del vudú; se suplantaba a la patria, mediante el predominio de la población extranjera y se proscribía cualquier posibilidad de independencia del grupo dominicano, porque, además, no teníamos libertad. Era, en rigor, un régimen sin Dios, sin patria y sin libertad.

Para una parte de los historiadores, que son los responsables de fraguarles un pasado a los niños dominicanos, todas esas eran medidas progresistas ( Véase El Nacional CPEP, 7/10/15 “ Educación descuida enseñar historia” ). Estos consideran que la República Dominicana penetra en la modernidad política en la medida que ahonda en la separación de la Iglesia y del Estado. De esos credos anticlericales se hallan plagados los manuales, igual actitud se asume contra la hispanidad. Ese enfoque los llevó a unas conclusiones positivas de la dominación haitiana, omitiendo incluso la declaración del Manifiesto del 16 de enero de 1844, memorial de agravios de esa dominación oprobiosa. Han idealizado la dominación haitiana..

En los mentideros, en las tertulias privadas, se mantuvo vivo el ideario nacional: los dominicanos seguían bautizando a sus hijos, rezándole a su Dios y moldeando su vida, con arreglo a tradiciones que habían llegado hacía más de trescientos años. No habían logrado hacer desaparecer la voluntad de ser nación. Para saber quiénes éramos en aquel momento de incertidumbres y de nieblas, Juan Pablo Duarte, hizo entrar en el ruedo de las consideraciones la perspectiva cristiana, que era, una forma del ver el mundo que nos une con el resto de los países de Hispanoamérica. Si los haitianos hubieran logrado desarraigar esa realidad y la lengua en que se expresaba el pueblo, hubieran quedado aniquiladas las fuerzas interiores que impulsaban a la Independencia. Nosotros hemos ido a la Independencia para defender nuestra identidad amenazada, para preservar fundamentalmente lo que somos.

Es muy difícil imaginarse esa etapa sombría de la vida del pueblo dominicano. El Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, pudo educarse gracias a unas cuantas figuras excepcionales como su maestro Manuel Aybar, el presbítero Gaspar Hernández y muy particularmente, don Francisco Vicente Moscoso, que sabía tantas cosas, que se le apodaba el Sócrates dominicano. En las casas curiales, en las penumbras y a escondidas del régimen, se formaban los patriotas. Eramos una sociedad, penetrada de las más extravagantes supersticiones, naufragada en la impotencia y corroída por el pesimismo.

En una situación de desinformación total de la población, despotismo irracional, menosprecio absoluto de las enseñanzas religiosas, y proscripción de todas las tradiciones, importación de poblaciones—esclavos libertos de Estados Unidos– para suplantarnos y borrarnos definitivamente y dominio militar de toda la vida nacional, pensar por cuenta propia e imaginar que podía libertarnos de una catástrofe peor que las siete plagas de Egipto, era, en rigor, una hazaña. Y esa fue obra de un visionario. Del hombre que organizó las Juntas Populares, el movimiento que encarnaría la independencia y que representaría el ideario de libertad.

Con el lema Dios, Patria y Libertad, Duarte definió el carácter de una nación que ya existía plenamente, y definió, además, la identidad religiosa del Estado que debería nacer sobre las cenizas de la dominación haitiana. El régimen haitiano no logró imponer su religiosidad ni su lengua ni su forma de Gobierno ni sus leyes. El pueblo dominicano no se hallaba condenado a la sumisión. El proyecto de los dominicanos era reconstruir la vida. Inmediatamente se produjo la Independencia volvieron a renacer la escuela, la Universidad, las Iglesias, las instituciones y las viejas tradiciones. El proyecto de Independencia dominicano no fue una vuelta a la monarquía ni a las crudas formas del absolutismo haitiano, sino la de un gobierno democrático, electivo, representativo y popular.

La vigencia del lema trinitario

Al concebir la bandera, en el Juramento de los Trinitarios, Duarte injerta la cruz blanca a la enseña haitiana, centra el carácter del nuevo Estado, con una visión netamente cultural, de oposición religiosa. En todo el pensamiento duartiano campa por sus respetos la figura de Dios. Interpretación que será plasmada en el escudo, donde se hallan la cruz y la Biblia, abierta en Juan 8 : 31 y 32: “ y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Por hallarnos en una dualidad territorial y política esa realidad debió ser concebida como un proyecto permanente. La independencia dominicana siempre ha estado amenazada por la expansión demográfica o por los desbordamientos a los que pueden conducir el colapso o la inviabilidad del Estado vecino. Esas circunstancias han colocado en tela de juicio la existencia del lema esencial Dios, Patria y Libertad. Se ha echado al ruedo un proyecto, cuya ambición ha sido anular los resultados históricos de nuestra Independencia de 1844. Es decir, pulverizar el esfuerzo de todas las generaciones pasadas.

Hemos llegado, en realidad, a una circunstancia que le niega el ejercicio a la autodeterminación al pueblo dominicano. Se planea imponer una agenda que pisotea brutalmente los valores cristianos, que anula la soberanía de la patria y cuya implantación suprimiría la libertad del pueblo y todas sus conquistas democráticas. Ningún pueblo puede considerarse libre en un sistema federal. O peor aún: fragmentando su cohesión nacional. La libertad es el derecho al Gobierno propio sin injerencia extranjera. Así define la situación el pastor Ezequiel Molina:

“ Hay un proyecto de desbaratar la nacionalidad dominicana. Hay un proyecto de unir a Haití con República Dominicana. Y, en cada foro internacional que va nuestra representación sale a relucir ese interés. ¿ Por qué? Eso no es político. Eso no es humano. Eso es diabólico.(…) Van a destruir nuestra nacionalidad, pero tendrán que destruir primero a la Iglesia de Jesucristo. Y tengo la impresión de que no se va a poder. Aquí hay un pueblo que honra a Dios, aquí hay un pueblo que habla con Dios, aquí hay un pueblo que ama a Dios. ¡Este es un país cristiano! El vudú no va a poder con nosotros. Candelo no va a poder con nosotros. Belie Belcan no va a poder con nosotros. ¡Estamos cubiertos por la sangre del cordero!”.

En estas especialísimas circunstancias, ¿qué sentido tendría el Juramento de los Trinitarios? Si entra en el teatro de las maniobras sociales un proyecto que echa por tierra a Dios, que disuelve a la patria y que, finalmente, anularía la libertad, ¿ cuál la propuesto del pensamiento duartiano? ¿ qué enseñanza extraer en los hombres que fundaron, con el sacrificios de sus vidas, el Estado dominicano? He aquí las palabras del Juramento Trinitario:

“Juro y prometo por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una República libre y soberana e independiente de toda dominación extranjera que se llamará República Domicana” “

En estos momentos, en que se ha desvanecido la frontera, en el que los desplazamientos demográficos del vecino amenazan nuestra unidad nacional y se hallan bajo amenazas todas nuestras conquistas sociales y nuestra frontera jurídica y la imagen internacional del Estado, la fuerza que mueve al pueblo dominicano es la lucha por su identidad colectiva. Es la lealtad a los hombres que junto Duarte fundaron esta patria mil veces gloriosa.

Texto: Manuel Núñez Asencio

La invasión de Dessalines, el 5 de marzo de 1805

Dessalines

Dessalines

Las tropas militares haitianas dirigidas por Dessalines, quien se hizo Emperador, fueron las que más daño produjo a la parte oriental de la isla en toda su historia. Saquearon y quemaron las poblaciones de Monte Plata, La Vega, Cotuí, San Francisco de Macorís, San José de las Matas y Montecristi.

En muchas de esta poblaciones las tropas haitianas se las ingeniaron para engañar, ordenándole acudir a las iglesias, con el falso pretexto de que esta era la manera de poder para garantizarles a todos la vida. Pero cuando parte de la población ya se encontraba en dichos templos, lo que hicieron fue decapitar a más de quinientas personas en aquellos lugares sagrados, entre ellos niños y mujeres indefensos, y al sacerdote fray Pedro Geraldino, quien fue ensartado por las bayonetas haitianas cuando intentó oponerse a la matanza.

Miles de habitantes murieron en estos hechos criminales perpetrados durante las dos primeras invasiones haitianas a la parte este de La Española.

En presencia de Dessalines, las tropas haitianas quemaron vivo al cura José Vásquez, porque el religioso consideró como satánicos lo que hacía el ejército haitiano.

En enero de 1805 los remanentes del ejército francés que
quedaban en la parte este de la isla comandados por el General francés Louis Marie Ferrand entran nuevamente en acción.

Ferrand decretó a sus tropas cazar niños de ambos sexos de raza negra hasta los 14 años de edad para ser vendidos como esclavos. Este hecho provoca la ira de Dessalines quien invade la parte este de la isla y luego de arrasar con algunos poblados como Azua y Moca, sitia la ciudad de Santo Domingo el 5 de marzo de 1805.

El ejército haitiano intentó acabar la resistencia francesa protegida por la muralla de la ciudad. Dessalines no desarrolló un plan para su invasión pues no trajo artillería.

Semanas más tarde, llega a las costas de la ciudad de Santo Domingo, una escuadra de barcos franceses comandada por el Almirante Missiesy. La flota cañonea las posiciones haitianas y parte rumbo al oeste. Dessalines interpreta que puede ser un ataque a su país y se retira rápidamente.

En su gobierno intentó restablecer la economía de las plantaciones mediante un sistema de trabajo forzado. Fue traicionado y asesinado en 1806 por sus colaboradores, Alexandre Pétion y Henri Christophe, quienes tras su muerte, se repartieron el poder de la nueva nación. Su cuerpo fue cortado furiosamente en pedazos por sus asesinos

Este golpe de Estado fue promovido por sectores acomodados, que aunque previamente le habían apoyado, se vieron afectados por la promulgación de una ley de reforma agraria con características revolucionarias

Texto: encaribe

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La independencia efímera del 1 ero de diciembre de 1821

rep-domLa independencia efímera del 1 ero de diciembre de 1821. Primer intento de independencia dominicana . El gráfico es solo una ilustración para acompañar la historia!!

En la Declaratoria de Independencia del 1 de diciembre de 1821 se afirma que nos constituíamos en un Estado libre e independiente.

Luego de “La Reconquista”, o sea volver a ser territorio de España, llevada a cabo en 1809, el período histórico siguiente es llamado “Independencia Efímera”.

“La Reconquista” fue lograda al expulsar a los franceses en 1809 de la parte Este de la isla, luego del triunfo obtenido por el general Juan Sánchez Ramírez en la batalla de Palo Hincado el año anterior, contra las tropas francesas que estaban al mando del gobernador de la colonia francesa general Jean Louis Ferrand.

Los planes del doctor José Núñez de Cáceres y prominentes ciudadanos que le acompañaban, se habían hecho para iniciar el movimiento independentista el 24 de diciembre, pero ante una delación, el mismo estalló la noche del 30 de noviembre de 1821 y con poca resistencia se tomaron el fuerte de San José, la puerta de San Diego, la puerta del Conde, el Arsenal, la cárcel pública y otros lugares críticos. (1)

Se distinguieron en esta jornada, entre otros, el teniente coronel Pablo ALÍ, comandante del batallón de pardos libres, así como las unidades del batallón fijo de infantería, artilleros y de caballería, comandados por oficiales que prestaban servicio en las mismas.

Al día siguiente, 1 de diciembre de 1821, fue enhestada la bandera de la Gran Colombia en todos los fuertes de la ciudad, se puso bajo arresto al gobernador español Pascual Real y se proclamó el Estado Independiente de la Parte Española de Haití, bajo el protectorado de la República de Colombia y José Núñez de Cáceres fue designado presidente del naciente Estado.

El paso dado por José Núñez de Cáceres fundando el Estado Independiente de la Parte Española de Haití, el 1 de diciembre de 1821, se adelantó a los planes de grupos que habitaban en la colonia española que propugnaban por la unificación con Haití. Lo cierto es que en noviembre de ese año 1821 en la frontera norte se hizo un pronunciamiento a favor de la unificación con Haití que tuvo repercusiones en Dajabón y Montecristi. De ahí estriba la IMPORTANCIA de la acción encabezada por Núñez de Cáceres para la formación de un Estado independiente y no para una unificación con Haití.

En el documento Declaratoria de Independencia del Pueblo Dominicano del 1 de diciembre de 1821, los firmantes, encabezados por Núñez de Cáceres, se quejan amargamente del mal trato recibido por España luego de la Reconquista. También hacen alusión a los movimientos de independencia que se manifestaban en el continente. Se enfatiza que constituidos en “un Estado libre e independiente” y “carácter de nación soberana, tiene un pleno poder y facultades para establecer la forma de gobierno que mejor le convenga, contraer alianzas, declarar la guerra, concluir la paz, ajustar tratados de comercio y celebrar los demás actos, transacciones y convenidos que pueden por derecho los demás pueblos libres e independientes”. Del análisis del documento se concluye que las ideas de libertad ya habían llegado a los dominicanos, ideas que convirtieron en hechos Simón Bolívar, San Martín, O’Higgins y Duarte.

Otro documento IMPORTANTE firmado ese mismo día fue el Acta Constitutiva del Gobierno Provisional del Estado Independiente de la Parte Española de Haití, compuesto de 39 artículos. En su artículo primero se declara que la forma de gobierno debe ser republicana. En el cuarto se enuncia que el nuevo Estado “entrará desde luego en alianza con la República de Colombia: entrará a componer uno de los Estados de la Unión”. En el quinto que se despachará a la mayor brevedad una embajada ante su Excelencia el Presidente de la República de Colombia para comunicarle el cambio político de Santo Domingo y manifestar los deseos de adhesión a esa Confederación de Estados. En el sexto se dice que se enviará un mensaje al Presidente de la República de Haití proponiéndole un tratado de amistad, comercio y alianza para la común defensa de ambos territorios. (2)

La embajada que enviamos a Colombia no pudo entrevistarse con Simón Bolívar, quien estaba en campaña militar.

El presidente Boyer comenzó a mover los hilos que ahorcarían nuestra naciente Independencia, pero al mismo tiempo hacía llegar al presidente Núñez de Cáceres palabras de concordia, mientras continuaba con sus planes que no eran más que una forma de expansión territorial, lo que fue un ultraje a nuestra soberanía ocurrido cuando Boyer nos invade y el 9 de febrero de 1822 entra a la ciudad de Santo Domingo comenzando así el período de la ocupación haitiana que duró 22 años.

Por la corta duración de nuestra primera independencia, se le llama “La Efímera”.

Bibliografía:

(1) José Gabriel García, Compendio de la Historia de Santo Domingo, Central de Libros, C. por A., 1982, Tomo II, pp. 73-74.

(2) Emilio Rodríguez Demorizi, Santo Domingo y la Gran Colombia, Bolívar y Núñez de Cáceres, Editora del Caribe, C. por A., Santo Domingo, RD, 1971, pp. 70-79.

 

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FALLECE FIDEL CASTRO

fidelcastro25 de noviembre de 2016, Santiago de Cuba, Cuba
Muere Fidel Castro, el último revolucionario
Tras derribar a Batista hizo de su enfrentamiento con EE UU la gran razón de ser de la revolución. Durante 47 años, ejerció el mando absoluto en Cuba

Líder autoritario o tirano sin más para media humanidad, leyenda revolucionaria y azote del imperialismo yanqui para los más desposeídos y la izquierda militante, Fidel Castro era el último sobreviviente de la Guerra Fría y seguramente el actor político del siglo XX que más titulares acaparó a lo largo de sus 47 años de mando absoluto en Cuba. Estrenó su poder caudillista el 1 de enero de 1959 tras derrocar a tiro limpio al régimen de Batista. Ni siquiera en el ocaso de su existencia, después de que una enfermedad lo apartó del Gobierno en 2006, desapareció su influencia en una isla que siempre se le quedó pequeña, pues Castro la concebía como una pieza más de ajedrez en la gran partida de la revolución universal, su verdadero objetivo en la vida.

Castro tenía 90 años al fallecer. Su hermano, el presidente Raúl Castro, anunció el fallecimiento en un mensaje de televisión. “Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz”, ha dicho emocionado el mandatario. “En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de mañana sábado 26.[…] ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!”.

Pero tras incontables muertes periodísticas anunciadas desde Miami, además de 650 intentos frustrados de atentado, incluidos planes de la CIA con batidos de chocolate con cianuro y trajes de bucear rociados con bacterias asesinas, puede decirse que el fallecimiento real del líder cubano ya casi ni es noticia.
* Tomado de Periodico El Pais de España
Imagenes de a Nuestra Historia.

Enrique Blanco fue, el conquistador de la montaña. En el aniversario #80 de su muerte

enrique-blancoNació el 14 de enero de 1907, en la sección de Don Pedro de Peña, en la entonces común de Tamboril, en la provincia de Santiago , siendo en orden cronológico el noveno hijo de Eugenio Blanco y la señora María Ubaldina Sosa.

Su padre, en la sección de Don pedro Abajo y regiones aledañas , era conocido como una persona de absoluta seriedad y bien dedicado al trabajo que le valieron de estimación y respeto y le valieron para que se le llamase don Gengo. Procrearon 10 hijos:

María Ismaela (Fallecida en la infancia), Jesús María; Estebanía Librada, Ramón Eugenio (Geno), Luis Maria “Churo”; Julio Antonio “Chingo”; Maria Bienvenida; Rafael Enrique “Enrique Blanco” y Edilia Victoria.

Su madre murió en el 1929 antes de que su hijo menor de los varones, se convirtiera en el defensor de los principios fundamentales de la dignidad humana cuyo acto trajo la despiadada extinción de casi el total de la familia por parte del tirano.

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Aniversario del nacimiento en Bani del General Máximo Gómez

maximogomezMáximo Gómez Báez fue un destacado militar y político dominico-cubano el cuál nació en república Dominicana.

General en jefe del Ejército Libertador cubano, fue una de las figuras militares más destacadas de la Guerra de Independencia de Cuba.

Una de las principales Avenidas de nuestra capital, fue honrada con su nombre.

Máximo Gómez nació el 18 de noviembre de 1836 en la ciudad de Baní, República Dominicana, en una familia de medianos propietarios de tierras ganaderas y de bosques.

Sus padres encomendaron su educación a su padrino, el sacerdote del lugar.

Durante su infancia, la parte española de la isla perteneció a Haití hasta 1844, y en 1855, ante una nueva invasión haitiana, el joven Gómez abandonó los preparativos que hacía para iniciar estudios eclesiásticos, según deseo de su padre, y se incorporó al ejército. Peleó en varias acciones de guerra como la batalla de Santomé, con el grado de alférez de la caballería banileja. Siguió a su jefe, el general Pedro Santana, cuando este anexó el país a España en 1861, y alcanzó el grado de comandante de las tropas dominicanas del ejército español. Al triunfo de la Revolución Restauradora.

Como tantos otros dominicanos leales a España, tras la victoria de los independentistas se trasladó en 1865 con su madre y sus hermanas a Cuba, donde gracias a un préstamo personal de Valeriano Weyler pudo dedicarse a labores agrícolas en la zona de Bayamo.

Al llegar a la Isla renunció al servicio de las armas coloniales y se estableció en la referida zona, donde se dedicó a negocios agrícolas y madereros. Allí, su observación de las miserias de la esclavitud y del racismo lo indujo a unirse a los conspiradores de la zona; al comenzar la Guerra de los Diez Años se alzó en armas, el 16 de octubre de 1868, y se le reconoció el grado de sargento.

El día 25 del mismo mes llevó a cabo, en Pino de Baire, la primera carga al machete de las contiendas por la independencia, para detener una columna española que avanzaba desde Santiago de Cuba con el propósito de recuperar la ciudad de Bayamo, ocupada por los insurrectos y convertida en centro del movimiento revolucionario. A partir de entonces, entre las fuerzas mambisas se generalizó esa forma de ataque, que llegó a ser especialmente temida por las tropas españolas.

En pocos días, dada su experiencia militar, se confirió a Gómez el grado de general. Se casó en la manigua con la cubana Bernarda (Manana) Toro, quien lo acompañó durante la contienda.

Se destacó por sus ataques sobre los cafetales de El Cobre, cerca de Santiago de Cuba; por su acción por liberar las dotaciones de esclavos y por su actividad ofensiva durante 1870. Fue segundo jefe de la División de Cuba, que abarcaba todo el sur oriental desde el golfo de Guacanayabo hasta Baracoa y Maisí, y sucedió en el mando a Donato Mármol a la muerte de este. En 1871, después de haber asumido el mando de esa División, dirigió una de las más brillantes operaciones de aquella guerra: la invasión y campaña de Guantánamo, territorio hasta entonces dominado por los españoles.

Esa constituyó la primera campaña exitosa de los patriotas tras el incendio de Bayamo, para que la ciudad no fuese ocupada por los enemigos y la feroz y tenaz ofensiva española que desarticuló las fuerzas mambisas y las llevó a replegarse en los montes y serranías. Gómez inició entonces, con apoyo del presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, los preparativos de un audaz plan dirigido a trasladar fuerzas, por vía marítima y de manera sorpresiva, de la región oriental al centro de la Isla, para llevar el esfuerzo bélico hacia el occidente, donde se agrupaban las plantaciones azucareras y esclavistas.

Pero el 8 de junio de 1872 fue depuesto de su mando por el presidente Céspedes, quien lo creyó hostil hacia su persona. Exactamente un año después, Céspedes lo designó en sustitución de Ignacio Agramonte -a la muerte de este- en la jefatura militar de Camagüey, región donde Gómez tomó las poblaciones de Nuevitas y Santa Cruz del Sur, y ganó los importantes combates de La Sacra y Palo Seco.

En 1874, al frente de tropas concentradas para invadir el territorio de Las Villas, ganó los combates de Naranjo y Mojacasabe, y la batalla de Las Guásimas, la mayor de la Guerra de los Diez Años.

Tales victorias -obtenidas las últimas durante el gobierno presidido por Salvador Cisneros Betancourt- levantaron significativamente la moral de los patriotas, aunque obligaron al general a gastar buena parte de los recursos destinados al avance hacia occidente.

El 6 de enero de 1875 cruzó la Trocha de Júcaro a Morón con 300 hombres de caballería y 600 de infantería, con lo cuales penetró en Las Villas y marchó por las tierras azucareras de Cienfuegos, amenazando la rica región de Matanzas, donde ya actuaban algunas de sus avanzadas.

Pero su movimiento invasor se vio interrumpido por las divisiones surgidas dentro del campo mambí y la actitud reacia al envío de refuerzos que asumieron algunos jefes orientales.

La oposición de algunos caudillos locales a los jefes de otras regiones le hizo devolver a algunos del oriente del país a su región de origen, y él mismo se vio precisado a resignar el mando de Las Villas, cuestionado también por no ser nativo de Cuba.

Entonces fue nombrado para desempeñar la Secretaría de la Guerra, a la cual renunció en 1877, ante la creciente desintegración de las fuerzas revolucionarias. Salió de Cuba después de la paz que siguió al Pacto del Zanjón en 1878, convencido de que resultaba imposible sostenerse sobre las armas, por lo cual rehusó unirse a Antonio Maceo tras la Protesta de Baraguá.

Durante la forzada emigración se estableció con su familia, primero, en Jamaica, y después en Honduras, donde se reunieron muchos emigrados cubanos cobijados por el gobierno liberal de Marco Aurelio Soto.

El presidente lo incorporó al ejército y lo designó jefe militar del puerto de Amapala, cargo que abandonó con posterioridad para establecerse en San Pedro Sula y dedicarse a negocios agrícolas, con tan poca fortuna que su familia vivió precariamente, murieron dos de sus hijos y él mismo enfermó de gravedad.

En 1884 aceptó los requerimientos de la emigración cubana en Estados Unidos, en nombre de la cual le había escrito José Martí, y abandonó Honduras junto con Antonio Maceo -quien también se había radicado en ese país-, para encabezar un nuevo proyecto bélico independentista, cuyos lineamientos básicos delineó en el Proyecto de San Pedro Sula.

Tras múltiples gestiones en Estados Unidos, sin que se materializara el apoyo económico prometido por cubanos ricos, y por el abandono del plan por parte de Martí -quien consideró a Gómez animado de propósitos caudillescos- viajó por el Caribe, y al llegar a República Dominicana fue apresado, por el temor del gobierno de que las armas que colectaba estuvieran destinadas a emplearse en su contra.

En 1886 desistió del plan revolucionario, por los múltiples obstáculos que enfrentaba para intentar llevarlo a cabo. Trabajó por un tiempo en las obras del canal de Panamá, viajó a Lima a finales de 1887 en un fracasado intento patriótico y, por último, se estableció en 1888 en República Dominicana, dedicándose a faenas agrícolas en su finca La Reforma.

A mediados de 1892 fue elegido general en jefe del futuro Ejército Libertador por los militares miembros del Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí, con quien alcanzó plena identificación humana y revolucionaria, y elaboró el plan militar de inicio de la nueva contienda: un alzamiento simultáneo en todas las provincias cubanas, combinado con varias expediciones que condujeran al territorio a los principales jefes residentes fuera de la Isla y los recursos militares.

El plan resultó abortado por una delación que redundó en la pérdida de los barcos y los pertrechos, la Guerra de Independencia comenzó el 24 de febrero de 1895 con su aprobación. Firmó junto con Martí, el 25 de marzo de 1895, el Manifiesto de Montecristi, en el cual se exponían al mundo los propósitos de la revolución cubana.

Desembarcó en Cuba con Martí para dar inicio a la nueva contienda y asumió de inmediato la jefatura militar de la insurrección. Estuvo presente en la conferencia de la finca La Mejorana, 5 de abril de 1895, donde acordaron ambos, junto con Maceo, organizar el gobierno de la República en Armas. Dirigió el combate de Dos Ríos, acción en la cual el 19 de mayo Martí encontró la muerte, sin que Gómez pudiera rescatar su cadáver.

En junio de ese año penetró en la provincia de Camagüey, donde desarrolló su famosa “campaña circular” de acciones alrededor de la ciudad, que puso en pie de guerra toda la región.

Aprobada la Constitución de la república el 16 de septiembre de 1895 en la Asamblea de Jimaguayú, se le confirmó como general en jefe del Ejército Libertador.

Ese mismo mes pasó a Las Villas para avivar allí la insurrección y atraer sobre sí la atención del mando español, con el fin de despejar el territorio que debería atravesar la columna invasora desde el oriente.

Se reunió con Maceo y el 15 de diciembre ambos generales obtuvieron resonante victoria en el combate de Mal Tiempo. Al llegar la invasión a La Habana, mientras Maceo continuaba hasta el extremo occidental de la Isla, Gómez desarrolló durante cerca de un año una intensa campaña de combates diarios en ese estrecho territorio.

A mediados de 1896 libró en Camagüey la batalla de Saratoga, una de las más importantes de la guerra, y hacia finales de ese año planeó la campaña de La Reforma, consistente en atraer sobre sí a grandes fuerzas enemigas para entretenerlas y batirlas en un territorio de apenas diez leguas cuadradas en la región central del país.

Frustrada la revolución independentista por la intervención norteamericana en 1898, se opuso a la contratación de un empréstito para la paga de los libertadores, con el fin de no endeudar a la república antes de su nacimiento, y aceptó un donativo del ejecutivo estadounidense. Ello provocó su destitución por la dirección civil de la revolución, agrupada en la Asamblea del Cerro, la cual se autodisolvió ante el rechazo popular a su decisión.

Gómez siempre mantuvo la postura de una Cuba plenamente libre e intentó movilizar la opinión y las fuerzas sociales cubanas para la consecución de la independencia absoluta. Rechazó la presidencia por no considerarse apto para su desempeño.

Rodeado del respeto y del cariño del pueblo cubano, lo sorprendió la muerte en La Habana, el 17 de junio de 1905 a a edad de 69 años, cuando ejercía su influencia política contra la reelección presidencial de Tomás Estrada Palma. En su honor se dio su nombre al pueblo de Recreo, en la provincia de Matanzas.

Bibliografía activa
Ideario cubano: Máximo Gómez, Academia de la Historia de Cuba, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1933.
Revoluciones… Cuba y hogar, Imprenta de Rambla y Bouza, La Habana, 1927.
Diario de campaña, 1868-1898, Editorial Centro Superior Tecnológico de Ceiba del Agua, La Habana, 1940.
Gómez, Máximo. Cartas a Francisco Carrillo, Compilación, introducción y notas por Hortensia Pichardo Viñals, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971.

Fuente: facebook.com/historiadominicanaengraficas