La explosiva invasión haitiana y pasividad dominicana

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Desde hace meses la ciudadanía observa con asombro, curiosidad y mucho temor de cómo las calles de nuestros pueblos se están inundando, en proporción alarmante, de una migración que llega del lado occidental de la isla, sin ninguna restricción.
Sin embargo, pese a la preocupación que esa presencia alarmante de nuestros vecinos occidentales genera en la ciudadanía, parecería que poco nos preocupara. Y tal cosa va tomando matices alarmantes en cuanto a la quiebra de nuestra identidad a la vuelta de pocos años.
Resulta curioso que la avalancha humana desde Haití ha ido en aumento sin controles inmigratorios rigurosos, como dan cuenta los medios de comunicación nacionales y fronterizos, después de los resultados de las elecciones de mayo del 2016. Pareciera que por órdenes superiores del Gobierno dominicano o temores a los organismos internacionales que viven monitoreando la conducta criolla en contra de los vecinos occidentales, que se instruyera para permitir la oleada haitiana de proporciones increíbles. Las autoridades dominicanas por incapacidad o por complicidad por los factores tradicionales que se suavizan adecuadamente para flexibilizar los controles inmigratorios a conveniencia de autoridades con poco sentido de la nacionalidad.
No hay dudas que existe un cuerpo militar especializado para controlar el flujo de la inmigración ilegal. Esa unidad, bajo la denominación de CESFRONT, cada año se le equipa con mejores equipos bélicos y técnicos. Ya hasta drones los muestran en los desfiles. CESFRONT exhibe su poder de fuego y de maniobras en los desfiles patrióticos de los 27 de Febrero. Tales desfiles es una rémora de los que la dictadura de Trujillo celebraba para mantener amedrentados a los haitianos y a los demás países de la región caribeña, por el poder de fuego y de hombres del ejército dominicano. No había elemento de comparación posible con lo poco que tenían los haitianos para exhibir por su acentuada pobreza. Ya no era la situación de 1822 cuando nos invadieron y nos ocuparon por 22 años. Antes, en 1804, su padre de la patria Dessalines en su invasión propició un horrendo degüello en Moca e incendió varias poblaciones dominicanas hasta llegar a la ciudad de Santo Domingo.
Pero ahora en el siglo XXI nuestro territorio se lo estamos cediendo graciosamente. Hay un éxodo de los dominicanos de poblaciones fronterizas donde escasean tierras para el cultivo y otras oportunidades de trabajo. Ya no es solo en el Este con un explosivo desarrollo turístico que los haitianos están asentados sólidamente en zonas como las de Verón. Este lugar de Bávaro sin estar cerca de su tierra han formado un enclave que se ha convertido en el Departamento #11 de Haití.
Y al mismo tiempo con el abandono de las zonas fronterizas son ocupadas por los haitianos que se adueñan de hasta los bohíos que han abandonando los dominicanos que se han marchado hacia otros lugares. Son muchas las escuelas en la frontera que las aulas se ven ocupadas por niños haitianos. Asisten a las clases donde los maestros son verdaderos héroes y casi siempre sin las nefastas influencias de un gremio magisterial politizado. Este con su ADP siempre busca la excusa para sacar a los maestros de las aulas y no impartir docencia. Así se logran los resultados negativos a la hora que se le hace una evaluación internacional a la escuela dominicana.
Las oportunidades de trabajo escasean en la frontera. Se han hecho grandes esfuerzos para atraer capitales hacia la frontera. Es innegable los esfuerzos de importantes empresarios dominicanos con la contribución del gobierno. Pero es una tarea gigantesca. Ahora se cambiará la situación con el próximo despegue de Bahía de las Águilas y las 15 mil habitaciones hoteleras que anuncia el gobierno que se construirán. Otro podría ser el panorama si tantas esperanzas broten con fuerzas a la realidad.
En Pedernales hay zonas haitianizadas donde los dominicanos se han marchado. También las fuentes de trabajo se han reducido dramáticamente con los problemas tanto de la fábrica de cemento como de las exportaciones de bauxita. Son trabas impuestas antojadizamente por burócratas de tercer nivel. Esto ha reducido las ofertas de empleo y los extranjeros presionan para hacerse cargo de los espacios y servicios como los del remodelado hospital Elio Fiallo.
Hay escasez de trabajo en la frontera. Esto es reconocido por los sectores oficiales y privados que se ven atados de mano ante la invasión pacífica e indetenible de los vecinos occidentales. Estos no quieren morir en su devastado territorio casi sin cubierta boscosa. Tan solo disponen del agua represada en la presa de Peligro, que regula las aguas del Artibonito. Es el río dominicano que es la arteria de la vida para Haití.

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